En un momento crítico para la principal empresa del país, el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, lanzó un mensaje directo y desafiante ya que no renunciará, pese a las presiones políticas, sindicales y judiciales que hoy rodean su gestión.
“Mi conciencia está tranquila”, afirmó en entrevista con un medio nacional, en medio de investigaciones por presunto tráfico de influencias que han puesto su nombre en el centro de la controversia nacional.
El respaldo de la junta directiva ha sido clave para su permanencia, pero el pulso interno está lejos de resolverse. Desde la Unión Sindical Obrera (USO) la presión es creciente pues exigen su salida inmediata y advierten sobre una posible movilización nacional, argumentando que está en juego la estabilidad y reputación de la empresa.
El choque no es menor. Mientras la alta dirección cierra filas, el sindicato más poderoso del sector petrolero eleva el tono y anticipa un conflicto que podría escalar a las calles.
La tensión alcanza su punto máximo hoy 27 de marzo, cuando Ecopetrol celebra su Asamblea General de Accionistas en Bogotá, un encuentro que, más allá de lo técnico, se convierte en un escenario político y empresarial de alto voltaje.
Roa será quien instale la sesión, en una imagen que ya genera controversia: un presidente cuestionado liderando una de las citas más importantes del año para la compañía.
En la agenda figuran temas clave como la presentación del informe de gobierno corporativo, el balance integrado de gestión 2025 y, especialmente, la aprobación de los estados financieros con corte al 31 de diciembre.
También está sobre la mesa la distribución de utilidades, un punto neurálgico para inversionistas en medio de la incertidumbre que rodea a la empresa.
Entre las decisiones estratégicas, destaca la posible fusión por absorción del proyecto Parque Solar Portón del Sol S.A.S., una apuesta que hace parte de la narrativa de transición energética que impulsa la compañía.
Sin embargo, incluso estos movimientos quedan opacados por el ruido político y judicial que rodea a su máximo directivo.
Su negativa a renunciar, lejos de apagar la crisis, la profundiza. Con investigaciones en curso, presión sindical creciente y decisiones estratégicas en juego, la petrolera enfrenta uno de los momentos más delicados de los últimos años.
