En pleno reacomodo político rumbo a las presidenciales de 2026, el expresidente Álvaro Uribe Vélez volvió a sacudir el escenario electoral con una declaración que ya genera ruido, cálculos y controversia con la eventual unión entre las campañas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.
Durante una entrevista con la periodista Vicky Dávila, el exmandatario dejó claro que la idea no es descabellada, sino una jugada política que podría redefinir el resultado electoral. “Es una hipótesis que hay que considerar”, afirmó, abriendo la puerta a una eventual convergencia entre dos sectores clave de la derecha.
Pero no se trata de una alianza automática. Uribe puso condiciones como el respeto entre candidatos y un manejo estratégico que evite fracturas internas. “Es muy importante que se maneje un ámbito de respeto”, advirtió, en lo que algunos interpretan como un mensaje directo ante las tensiones que ya se perciben entre ambas campañas.
El trasfondo no es menor. En momentos en que las encuestas comienzan a perfilar favoritos, la fragmentación podría costar caro. Según el más reciente sondeo del Centro Nacional de Consultoría para la revista Cambio, el senador Iván Cepeda lidera la intención de voto con un sólido 34,5 %, seguido por Valencia con 22,2 % y De la Espriella con 15,4 %.
Este panorama alimenta la tesis de Uribe; dividirse podría significar perder. Unificarse, en cambio, abriría dos escenarios potentes en donde asegurar el paso a segunda vuelta o incluso intentar una victoria en primera, podría ser una apuesta ambiciosa que, de concretarse, cambiaría por completo el mapa político.
“Habría la posibilidad de que quien no se descuelgue no solamente pase a la segunda vuelta, sino que podría hacerse un esfuerzo para que gane en primera vuelta”, insistió el exjefe de Estado, dejando entrever que la estrategia no es improvisada, sino parte de una lectura fría del momento electoral.
Mientras tanto, las campañas ya avanzan con fichas definidas. Valencia confirmó como fórmula vicepresidencial a Juan Daniel Oviedo, tras intensas negociaciones, mientras que De la Espriella apostó por José Manuel Restrepo como su compañero de fórmula.
La gran pregunta ahora no es si la alianza es posible, sino si es necesaria… o si llega demasiado tarde. En un escenario donde cada punto cuenta y las tensiones ideológicas pesan, la propuesta de Uribe podría ser vista como una jugada maestra o como el síntoma de una derecha que aún no logra consolidar un liderazgo único.
El reloj electoral ya empezó a correr. Y con él, las movidas que podrían definir quién se queda con la Casa de Nariño.
