• 22 agosto, 2026 10:18 am

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Justicia de EE. UU. le cerró la puerta a Miguel Rodríguez Orejuela: excapo del Cartel de Cali seguirá preso pese a grave deterioro mental.

La justicia de Estados Unidos negó la solicitud de libertad condicional por razones humanitarias presentada por Miguel Rodríguez Orejuela, histórico jefe del extinto Cartel de Cali, quien a sus 82 años permanece recluido en una prisión federal cumpliendo una condena de 30 años por narcotráfico.

La decisión fue adoptada por un juez federal de distrito, que rechazó los argumentos presentados por la defensa del antiguo capo colombiano, extraditado a Estados Unidos en 2005 junto a su hermano Gilberto Rodríguez Orejuela, en uno de los golpes más emblemáticos contra el narcotráfico colombiano.

Los abogados del excapo habían solicitado en abril pasado que se le concediera libertad humanitaria alegando un grave deterioro de salud física y mental. Según expusieron ante la justicia norteamericana, Rodríguez Orejuela sufre una avanzada demencia senil que afecta severamente su capacidad cognitiva y su percepción de la realidad.

De acuerdo con información revelada por el periodista Joshua Goodman, la defensa sostuvo que el exnarcotraficante se despierta durante las noches creyendo que debe salir a tomar un taxi en las calles de Bogotá, evidencia que utilizaron para argumentar que ya no representa ningún riesgo para la sociedad.

Pese a ello, el tribunal decidió mantenerlo en prisión y negó cualquier posibilidad de excarcelación anticipada.

Miguel Rodríguez Orejuela fue uno de los hombres más poderosos del narcotráfico en América Latina durante las décadas de los 80 y 90. Junto a su hermano, construyó una gigantesca red criminal dedicada al tráfico internacional de cocaína y protagonizó una guerra silenciosa contra el Cartel de Medellín liderado por Pablo Escobar.

Tras años de persecución judicial y negociaciones con las autoridades colombianas, Rodríguez Orejuela fue extraditado a Estados Unidos en 2005, donde aceptó cargos relacionados con narcotráfico y lavado de activos.

Desde entonces permanece recluido bajo custodia federal, convertido en uno de los últimos grandes capos colombianos de vieja generación que aún continúan pagando condenas en cárceles norteamericanas.

La negativa de la justicia estadounidense reabre el debate sobre el trato judicial a narcotraficantes de alto perfil que, pese a su avanzada edad y deterioro físico, siguen siendo considerados responsables de crímenes de enorme impacto internacional.

Aunque la defensa insistió en que las condiciones mentales del exjefe mafioso son irreversibles y humanitariamente delicadas, el tribunal consideró insuficientes los argumentos para concederle un beneficio excepcional.

El caso también revive uno de los capítulos más oscuros de la historia criminal colombiana, marcado por el poder del Cartel de Cali, organización que llegó a infiltrar estructuras políticas, económicas y judiciales tanto en Colombia como en el extranjero.

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