Colombia encabeza el listado de países con más horas trabajadas al año, pero su productividad continúa entre las más bajas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Un contraste que revela una profunda ineficiencia estructural: largas jornadas que no se traducen ni en mayor riqueza ni en mejores condiciones de vida para los trabajadores.
De acuerdo con el Compendium of Productivity Indicators 2024 de la OCDE, los colombianos trabajan en promedio 2.288 horas al año, superando a México (2.226) y Costa Rica (2.149). Sin embargo, su productividad por hora apenas alcanza entre USD 19 y 20, mientras el promedio del bloque ronda los USD 60. En otras palabras, los colombianos trabajan casi el doble para producir un tercio de lo que generan otros países.
La situación persiste a pesar de la entrada en vigencia de la Ley 2101 de 2021, que reduce de forma progresiva la jornada laboral semanal sin afectar el salario. En 2025, el límite ya bajó a 44 horas, y para 2026 deberá llegar a 42, equiparándose con los estándares internacionales. No obstante, ni la reforma ni las largas horas han logrado mejorar la eficiencia productiva.
Un reciente informe del Consejo Colombiano de Seguridad (CCS) advierte que, si la tendencia actual se mantiene, el país podría perder cerca de $450 billones para 2030, por no cumplir con los objetivos del ODS 8, que promueve el trabajo decente y el crecimiento económico sostenible.
La presidenta del CCS, Adriana Solano Luque, alertó sobre la magnitud del problema:
“Estas pérdidas representan menos recursos para inversión social, innovación y desarrollo productivo. Sin productividad no hay empleo de calidad, y sin formalización, el país seguirá frenado en su crecimiento”.
Según el informe, el crecimiento anual de la productividad laboral ha sido de apenas 1,57% entre 2015 y 2023, muy lejos del 3% proyectado para alcanzar la meta de 2030. La informalidad, por su parte, se mantiene en 43,2%, lo que significa que casi 4 millones de trabajadores siguen sin estabilidad ni aportes a seguridad social.
Esa falta de formalización, agrega el estudio, puede reducir la productividad hasta en 29%, y representar una pérdida adicional de $207 billones en los próximos cinco años.
Economistas coinciden en que trabajar más no significa producir más. Mientras países como Dinamarca, Alemania y Países Bajos redujeron sus jornadas para ganar eficiencia, Colombia mantiene una cultura laboral basada en el exceso de horas y la baja innovación.
“Seguimos midiendo el éxito por el tiempo sentado frente al computador, no por el valor que se crea”, afirma el analista laboral Carlos Sepúlveda. “Esa mentalidad, sumada a la falta de formación técnica y la informalidad, es la fórmula perfecta para el estancamiento”.
El CCS propone una hoja de ruta para revertir la tendencia: fortalecer las alianzas entre el Gobierno, las empresas y la academia; crear incentivos tributarios para quienes generen empleo formal; y aprobar la Recomendación 204 de la OIT, que facilita la transición de la economía informal a la formal.
También plantea impulsar la formación técnica y tecnológica, especialmente en las mipymes, donde se concentra el 80% del empleo nacional.
