El caso que estremeció al occidente antioqueño dio un giro inesperado y polémico. Argirio Domicó, señalado como el principal sospechoso del feminicidio de Nelly Tuberquia Cano, fue encontrado muerto mientras era buscado por las autoridades. El hallazgo no solo sorprendió a la comunidad de Peque, sino que abrió un nuevo capítulo de incertidumbre en una investigación marcada por la indignación ciudadana y el clamor de justicia.
Domicó, de 58 años y oriundo de Ituango, apareció sin vida y su cuerpo fue recibido el domingo 8 de febrero de 2026 en la sede de Medicina Legal en Chigorodó. Hasta el momento, no se ha determinado la causa de su muerte ni se ha presentado algún familiar a reclamar los restos. El Instituto Nacional de Medicina Legal confirmó que el caso permanece bajo investigación forense para establecer si se trató de una muerte violenta o por causas naturales.
El nombre de Nelly Tuberquia Cano empezó a resonar con fuerza el 2 de febrero, cuando fue reportada como desaparecida en la vereda El Páramo, en Peque. Durante cuatro días, vecinos, organismos de socorro, la Defensa Civil y la administración municipal —liderada por el alcalde Hermilson Hernández Hernández— emprendieron una intensa búsqueda.
El 6 de febrero, la tragedia se confirmó, el cuerpo de la mujer fue hallado en una quebrada, entre la vereda San Pablo y la finca San Pedro. Permanecía oculto bajo una roca de gran tamaño, asegurada con otras piedras, en lo que, según versiones oficiales, sería un intento deliberado por evitar que fuera encontrado o arrastrado por la corriente.
“La encontramos en un sector del Guamo entre la vereda de San Pablo y la finca de San Pedro. La señora se encontró debajo de una piedra, pisada con otras piedras, como que quien hizo este daño, como que se aseguró que de pronto no se fueran a dar cuenta muy rápido, mientras que él se volaba”, declaró el alcalde.
Las primeras líneas de investigación apuntaban a Argirio Domicó, pareja sentimental de la víctima, quien habría sido la última persona con la que se le vio antes de su desaparición. Reportes de inteligencia lo vinculaban además con antecedentes por homicidio y denuncias por delitos sexuales en otras localidades del departamento. Su último rastro conocido antes de ser hallado muerto correspondía al municipio de Uramita.
Tras el crimen de Nelly, Peque se convirtió en escenario de movilizaciones ciudadanas. Vestidos de blanco y con velas en mano, decenas de habitantes recorrieron las calles para rendir homenaje a la víctima y exigir justicia. No era solo una despedida simbólica, sino un grito colectivo contra la violencia de género que golpea a la región.
La comunidad describió a Nelly como una mujer humilde, beneficiaria de programas de mejoramiento de vivienda y hermana del presidente de la Junta de Acción Comunal local. Su asesinato reavivó el temor y la exigencia de medidas urgentes para proteger a las mujeres en zonas rurales.
