• 22 agosto, 2026 5:00 am

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Bad Bunny detuvo la fiesta y estremeció Medellín con un homenaje a Yeison Jiménez que desató lágrimas y euforia en el Atanasio.

La segunda noche de Bad Bunny en el estadio Atanasio Girardot no fue solo un concierto, fue un acto emocional colectivo. En medio del frenesí urbano, las luces, el baile y la potencia del DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour, el artista boricua sorprendió al público con un gesto inesperado y profundamente simbólico, un homenaje a Yeison Jiménez, fallecido el pasado 10 de enero en un accidente aéreo en Boyacá.

No hubo discurso ni palabras grandilocuentes. Bastó la música. Entre una canción y otra, el Conejo Malo dejó que el escenario hablara solo: un solo de cuerdas empezó a flotar en el aire hasta que el estadio lo reconoció de inmediato. “Aventurero”, uno de los temas más emblemáticos del cantante de música popular, se apoderó del Atanasio.

El efecto fue inmediato y visceral. Más de 40.000 voces corearon la canción, algunos con lágrimas, otros con los puños en alto. El estadio, acostumbrado al reguetón y al perreo sin tregua, se rindió a la música popular colombiana en uno de los momentos más intensos de la noche. La ovación fue cerrada, prolongada y espontánea.

El gesto, breve pero cargado de significado, fue leído como un puente entre géneros, culturas y duelos. Bad Bunny no solo rompió la rutina del espectáculo, sino que tocó una fibra sensible en un país que aún asimila la pérdida de uno de sus artistas más queridos.

Tras el homenaje, la fiesta volvió a estallar. El show retomó su ritmo arrollador, pero algo ya había cambiado, el concierto había trascendido lo musical para convertirse en un momento de memoria colectiva.

No era la primera vez que Bad Bunny hacía un guiño a Colombia durante su paso por Medellín. En la primera fecha, el viernes, ya había provocado aplausos al incluir fragmentos de “Tú eres la Reina”, de Diomedes Díaz, otro ícono nacional. Pero lo ocurrido en la segunda noche fue distinto, fue íntimo, inesperado y emocionalmente demoledor.

Este domingo 25 de enero se cumple la tercera y última fecha del artista en Medellín y en Colombia. En total, cerca de 140.000 personas habrán asistido a los conciertos que transformaron a la capital antioqueña, por tres días, en una extensión de Puerto Rico, pero también en un escenario donde la música colombiana fue respetada, evocada y llorada.

En tiempos de espectáculos calculados y homenajes prefabricados, Bad Bunny eligió el camino menos obvio, callar, tocar una melodía y dejar que el público hiciera el resto. Y Medellín respondió como solo sabe hacerlo, cantando, sintiendo y recordando.

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