• 22 agosto, 2026 2:51 pm

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Tolima en emergencia: la fiebre amarilla sigue cobrando vidas mientras crece el rechazo a la vacuna.

El Tolima enfrenta una emergencia silenciosa pero letal. Las autoridades de salud confirmaron que cuatro personas han muerto por fiebre amarilla en lo que va de 2026, y en todos los casos hay un factor común que enciende la polémica, las víctimas se negaron a vacunarse, pese a las advertencias, campañas y disponibilidad permanente del biológico.

El caso más reciente, y uno de los que mayor indignación ha generado, es el de un menor de 17 años, quien falleció tras contraer el virus, evidenciando que la enfermedad no distingue edad y que la resistencia a la vacunación está cobrando vidas.

El brote más crítico se concentra en Chaparral, sur del Tolima, donde las autoridades detectaron un nuevo ciclo de transmisión activa desde mediados de diciembre de 2025. La señal de alerta fue clara, la muerte masiva de monos, principal indicador de circulación del virus, seguida de nuevos contagios en humanos.

“Durante tres o cuatro meses la situación estuvo estable, pero desde mediados de diciembre comenzaron nuevamente las epizootias y aparecieron nuevos casos de fiebre amarilla en humanos”, advirtió Jorge Carvajal, director local de Salud.

La vigilancia epidemiológica se intensificó en al menos siete veredas del corregimiento de Calarma, donde se confirmó la presencia activa del virus.

El balance oficial es contundente y preocupante. En diciembre de 2025 se registraron tres muertes:

  • Un adulto de 79 años en Chaparral
  • Una persona de 75 años en Prado
  • Un hombre de 63 años en Cunday

En enero de 2026, la cifra escaló con cuatro fallecimientos adicionales:

  • Un menor de 17 años, procedente de Bogotá, fallecido en Ataco
  • Una mujer de 32 años en Cunday
  • Un hombre de 29 años en Cunday
  • Un adulto de 58 años en Icononzo

Para las autoridades, el patrón es innegable y es que ninguna de las personas fallecidas estaba vacunada.

El coordinador departamental de vacunación, Edgar Herrera Castro, fue directo al señalar el origen del problema:

“El virus sigue activo y la gente no ha tomado conciencia. En diciembre tuvimos muchos visitantes y muchos no llegaron vacunados, pese a todas las campañas”.

Actualmente, el Tolima cuenta con personal y puntos de vacunación las 24 horas, con jornadas en hospitales, colegios, universidades, veredas, empresas y recorridos puerta a puerta. Aun así, la negativa persiste.

En municipios como Icononzo, el panorama resulta alarmante. Aunque se han aplicado cerca de 7.000 dosis, más de 900 personas se han negado a vacunarse, incluso firmando actas en las que rechazan voluntariamente la inmunización.

El alcalde Hugo Nelson Jiménez atribuyó esta resistencia a una mezcla peligrosa de desinformación en redes sociales, mitos heredados de la pandemia del COVID-19 y creencias religiosas.

“El problema no es la falta de vacunas, es la negativa a protegerse. La fiebre amarilla mata, pero la vacuna salva”, sentenció.

Los municipios de Icononzo, Cunday, Ataco, Chaparral y Carmen de Apicalá permanecen en alerta máxima. Aunque continúan abiertos al turismo, las autoridades reiteran que la vacunación es un requisito indispensable para evitar nuevos brotes.

El contexto nacional agrava la preocupación. Según la Secretaría de Salud Departamental, el Tolima concentra el 85 % de los casos de fiebre amarilla en Colombia, con 132 contagios confirmados y un aumento reciente de fallecimientos que pasaron de 48 a 52 en solo una semana, de acuerdo con el Ministerio de Salud.

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