Isaías David, un bebé de apenas un mes y medio de nacido, murió el pasado 5 de abril en Cartagena tras una larga y angustiante espera por una cirugía cardíaca urgente. Su caso, marcado por retrasos administrativos y denuncias contra la Nueva EPS, se convierte en un símbolo del colapso del sistema de salud.
El pequeño había nacido en Bosconia con una cardiopatía congénita que comprometía gravemente su oxigenación. Sufría episodios de cianosis —cuando la piel se torna azul por falta de oxígeno— y requería una intervención urgente en el ductus, un conducto vital del corazón. Sin embargo, el procedimiento no podía realizarse en su municipio, lo que hacía indispensable un traslado inmediato a un centro de alta complejidad.
Durante casi 50 días, la familia de Isaías se enfrentó a un viacrucis de trámites, autorizaciones y silencios. La espera se volvió desesperante, al punto de que su madre, acompañada por la comunidad, bloqueó la Troncal del Caribe en un acto de protesta que dejó al descubierto la impotencia de quienes dependen del sistema. Solo entonces, bajo presión social, el menor fue remitido el 18 de marzo a la Clínica Neurodinamia.
“Tenemos que hacer las cosas por nuestra propia cuenta”, denunció su madre en medio del dolor. “Toca llegar al borde de la muerte para que nos garanticen el derecho a la salud”.
A pesar de haber llegado a la clínica, el drama continuó. La cirugía no fue inmediata. Según la familia, Isaías tuvo que esperar varios días más debido a trámites internos. Mientras tanto, su vida pendía de un hilo, sostenida por el medicamento Prostin, que mantenía abierto artificialmente el conducto cardíaco que le permitía sobrevivir.
“Mi hijo ya no aguantaba más”, relató su madre. La intervención finalmente se realizó, pero las complicaciones posteriores fueron devastadoras. Isaías David falleció a las 10:00 de la mañana del domingo 5 de abril.
Su cuerpo fue trasladado nuevamente a Bosconia, donde fue sepultado el lunes en medio del dolor colectivo de una comunidad que acompañó su lucha desde el primer día.
La muerte de Isaías no solo deja una familia destruida, sino también una herida abierta en un país donde, para muchos, acceder a la salud sigue siendo una carrera contra la muerte.
