En medio del dolor, una familia colombiana se ha convertido en símbolo de resistencia y verdad al pronunciar un contundente mensaje que ha comenzado a resonar en todo el país: “Esta guerra tiene culpables y responsables. Lo sabemos. No tenemos ninguna duda de dónde viene la violencia, ni de quién la promueve, ni de quién la permite.”
Estas palabras, cargadas de valentía, fueron pronunciadas en una ceremonia privada que rápidamente se volvió pública a través de redes sociales, donde miles de ciudadanos expresaron su apoyo y compartieron un sentimiento común: la urgencia de ponerle fin a una espiral de violencia que parece no tener fin.
“Tenemos que plantar cara a esto y decir: no más. No más. No más. No podemos seguir callando como sociedad, como familia, como país,” continuó el mensaje. No fue solo una declaración de duelo, sino un grito de justicia que interpela directamente a las instituciones, a los líderes políticos y a los grupos armados que siguen alimentando la confrontación.
La familia —cuyo nombre se mantiene en reserva por motivos de seguridad— ha sufrido la pérdida de uno de sus miembros en circunstancias aún no esclarecidas, pero que, según sus allegados, están ligadas directamente a la violencia sistemática que azota muchas regiones del país. Para ellos, el silencio dejó de ser una opción.
El testimonio llega en un momento crítico para Colombia. Mientras el gobierno insiste en la necesidad de diálogos de paz, la ciudadanía exige acciones concretas frente al incremento de asesinatos selectivos, desplazamientos forzados y amenazas en distintas zonas del país. La pregunta que surge es inevitable: ¿quién se hará responsable?
En medio del dolor, esta familia ha decidido alzar la voz y exigir respuestas. Su mensaje no es solo personal, es colectivo. Representa a miles de víctimas que han quedado atrapadas entre balas, impunidad y abandono.
“No queremos venganza. Queremos justicia. Queremos verdad. Y queremos paz, pero una paz real, no una pactada entre élites mientras el pueblo sigue enterrando a sus hijos.”
Con estas palabras, su testimonio se transforma en una declaración de principios. Una que interpela a toda una nación. Una que, quizás, puede convertirse en el punto de partida para un cambio.