El Gobierno colombiano se prepara para un viaje que ya genera controversia. La Vicecancillería confirmó que se están adelantando los trámites para que el presidente Gustavo Petro asista a reuniones oficiales en la sede de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, un proceso que, aunque rutinario, esta vez ocurre bajo un contexto de fricciones políticas y diplomáticas con Washington.
En entrevista con un medio nacional, el vicecanciller de Asuntos Multilaterales, Mauricio Jaramillo Jassir, aseguró que “se están cumpliendo los procedimientos habituales”, al precisar que la Cancillería tramita la visa del presidente para garantizar su participación.
“Haremos lo que siempre hacemos con los viajes de los funcionarios. Tramitaremos la visa del señor Presidente para que pueda ir a Nueva York”, explicó el diplomático.
Sin embargo, el anuncio no pasó inadvertido. Algunos sectores políticos interpretan la gestión como una prueba de fuego en la tensa relación entre Petro y Estados Unidos, especialmente tras las recientes críticas del mandatario a la política exterior norteamericana y sus declaraciones sobre Gaza, Venezuela y la lucha antidrogas.
Jaramillo defendió la normalidad del trámite y recordó que, según los estatutos internacionales, Estados Unidos —como país anfitrión de la ONU— está obligado a permitir el ingreso de mandatarios extranjeros que asistan a reuniones oficiales del organismo.
“El reglamento de Naciones Unidas le permite al presidente Petro asistir a la sede, y confiamos en que eso se respete por parte de Estados Unidos”, señaló.
El vicecanciller incluso evocó un antecedente que marcó la historia diplomática del país: el del expresidente Ernesto Samper, a quien se le había retirado la visa estadounidense pero aún así pudo ingresar a territorio norteamericano para inaugurar las sesiones de la Asamblea General de la ONU.
“A Samper le fue retirada la visa, pero igual pudo asistir a la ONU porque Estados Unidos debe garantizar el acceso de los jefes de Estado”, recordó.
Pese a las garantías jurídicas, el tema despierta suspicacias. Analistas advierten que el viaje podría reavivar tensiones en momentos en que la Casa Blanca observa con cautela la política exterior del gobierno colombiano y su acercamiento a regímenes como el de Nicolás Maduro o Cuba.
El Palacio de Nariño, por su parte, mantiene silencio sobre los detalles de la agenda presidencial, mientras la Cancillería confía en que “las normas internacionales primarán sobre las diferencias ideológicas”.
Con el antecedente Samper como escudo y el discurso multilateral como bandera, el presidente Petro se alista para una cita que podría convertirse en una nueva escena de pulso diplomático entre Bogotá y Washington, donde la diplomacia tendrá que demostrar si puede más que la política.
