La luna de miel política entre el presidente Gustavo Petro y su ministro de Justicia, Eduardo Montealegre Lynett, llegó a su fin de manera abrupta y controversial. Apenas un día después de que el jurista ibaguereño sorprendiera al país con el anuncio de un proyecto de ley para convocar una Asamblea Nacional Constituyente, el jefe de Estado le pidió la renuncia.
Según fuentes del alto gobierno consultadas por medios de comunicación nacionales, la decisión no fue improvisada: venía gestándose desde hace varios días, mientras las tensiones internas entre Montealegre y otros miembros del gabinete alcanzaban niveles insostenibles.
El detonante final habría sido la creciente incomodidad en Palacio con el tono desafiante del ministro y sus frecuentes choques con el resto del Ejecutivo. La primera grieta visible se produjo tras un duro enfrentamiento con el ministro del Interior, Armando Benedetti, por la falta de trámite del proyecto de ley de sometimiento, pieza clave para la política de paz total.
Petro intentó apagar el incendio citando a ambos funcionarios a un simbólico “café de reconciliación” en la Casa de Nariño, pero el gesto resultó insuficiente. Días después, Montealegre volvió a encender la polémica al enfrentarse públicamente con el procurador Gregorio Eljach, luego de que la Procuraduría abriera una investigación disciplinaria en su contra por presunta participación en política.
En una movida que tomó por sorpresa al propio Gobierno, Montealegre denunció penalmente al procurador general, alegando persecución y abuso de poder. Ese acto —según fuentes cercanas al presidente— fue la gota que rebosó la copa y llevó a Petro a exigir su salida “de manera inmediata”.
Pese a su insistencia en que mantenía relaciones “excelentes” con el presidente, Montealegre ya estaba aislado políticamente. Su propuesta de una Constituyente —presentada sin concertación previa con el gabinete— fue vista como un desafío directo a la estrategia institucional de Petro, que intentaba mantener la estabilidad de su gobierno frente a la oposición y la Corte Constitucional.
El jurista, conocido por su verbo agudo y su historial como exfiscal general y exmagistrado, deja el cargo envuelto en una tormenta política de proporciones mayúsculas. Su salida no solo deja descabezado el Ministerio de Justicia, sino que también refleja las profundas divisiones internas del petrismo en un momento de alta tensión institucional.
Con la salida de Montealegre, el presidente Gustavo Petro completa más de 60 ministros en apenas tres años y cuatro meses de mandato, consolidando un récord histórico de rotación en el gabinete.
“Es un reflejo del caos político interno y de la falta de cohesión en el proyecto de Gobierno”, señaló un analista político al diario El Espectador.
Aunque en el discurso oficial se hable de “reorganización del equipo para fortalecer la gobernabilidad”, dentro del petrismo muchos lo leen como otra purga política para contener las disidencias internas.
