Una fractura de alto voltaje político sacudió al Centro Democrático. A través de una carta dirigida a Gabriel Vallejo, director del partido, el presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, anunció que él y la senadora María Fernanda Cabal abandonan oficialmente la colectividad, dejando al descubierto una crisis interna que amenaza con desbordarse en plena antesala electoral.
El documento, revelado por la periodista Darcy Quinn, no solo formaliza la salida de dos de las figuras más visibles del uribismo duro, sino que lanza acusaciones directas sobre el proceso interno que terminó proclamando a Paloma Valencia como candidata presidencial del partido.
En la carta, firmada por Lafaurie, el tono es contundente y sin matices. El exdirigente denuncia que el mecanismo de selección careció de comités de garantías electorales, reglas claras, mecanismos de impugnación y trazabilidad, lo que —según afirma— configura una “violación grave al debido proceso partidista”.
“El procedimiento careció de comités de garantías electorales, reglas claras, mecanismos de impugnación o trazabilidad”, señala textualmente la misiva, que deja en entredicho la legitimidad del resultado y cuestiona la conducción del partido.
Pero la denuncia va más allá de una inconformidad inicial. Lafaurie advierte que, con el paso del tiempo, lo que eran simples sospechas se transformaron en certezas incómodas.
“Con el paso del tiempo y a medida que obtenemos más información, los meros indicios han dejado de serlo, para convertirse, lamentablemente, en evidencia clara de graves irregularidades en el proceso”, subraya el documento.
La carta apunta de manera directa al director del Centro Democrático, Gabriel Vallejo, a quien responsabilizan por la falta de garantías y la opacidad del proceso. Aunque no detalla cada una de las supuestas irregularidades, el señalamiento deja abierta la puerta a un conflicto político mayor, con posibles repercusiones jurídicas y electorales.
La salida de María Fernanda Cabal, una de las senadoras más votadas y visibles del partido, agrava el golpe. Su decisión no solo debilita la estructura interna del Centro Democrático, sino que deja en evidencia una ruptura ideológica y estratégica dentro del uribismo, justo cuando el partido busca mantenerse como fuerza decisiva en la contienda presidencial.
La renuncia de Lafaurie y Cabal ocurre en un momento crítico, cuando el Centro Democrático intenta proyectar unidad y fortaleza frente a un escenario político adverso. La denuncia pública de irregularidades internas erosiona la credibilidad del proceso y expone una colectividad dividida, cuestionada y bajo fuego interno.
Por ahora, la dirección del partido no ha emitido una respuesta oficial de fondo frente a las acusaciones. Sin embargo, el mensaje ya está en la arena pública, la crisis no es menor y el quiebre es real.
Con esta carta, Lafaurie y Cabal no solo se van del Centro Democrático; encienden una mecha que podría redefinir el mapa político de la derecha colombiana en los próximos meses.

