• 23 agosto, 2026 11:08 am

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La reacción que lo delató: Ricardo González rompió en llanto tras enterarse del homicidio del estudiante.

La investigación por la muerte del estudiante de la Universidad de los Andes, Juan Esteban Moreno, dio un giro inesperado tras la revelación de nuevos testimonios que exponen un momento clave en el comportamiento de uno de los implicados: Ricardo González, hoy recluido en prisión preventiva.

Según relató la Fiscalía ante un juzgado de control de garantías, González habría tenido una reacción emocional extrema al enterarse del fallecimiento del joven, episodio que —para los investigadores— abre interrogantes sobre su rol real aquella noche y sobre su intento de evadir responsabilidades antes de entregarse a las autoridades.

El 1 de noviembre, horas después de la muerte de Moreno, González llegó a su lugar de trabajo, un puesto de comidas rápidas en el centro de Bogotá. Su jefe notó de inmediato algo extraño: el joven no hablaba, estaba disperso y, de pronto, estalló en llanto.

“¿Qué hace un joven, un niño, cuando está lleno de miedo y angustia? Va a su entorno familiar”, declaró en audiencia Marcela López, su abogada. Según su versión, González huyó del lugar y se desplazó hasta Cartagena para refugiarse con su familia antes de finalmente entregarse.

Lo que para la defensa es miedo, para la Fiscalía podría ser un indicio de conciencia de culpa.

El testimonio del jefe de González añadió más tensión al caso. Afirmó que ese mismo día el joven le mostró una fotografía en la que aparecían tres capturados por el homicidio del estudiante.

“Cuando me muestra la imagen, le pregunto si él estaba con ellos… y me dice que sí”, relató el empleador. El detalle despertó nuevas dudas dentro del ente acusador: ¿por qué González tenía esa foto?, ¿quién se la envió?, ¿y qué motivó su repentina desaparición?

Estas preguntas, por ahora sin respuesta, fueron consideradas por la Fiscalía como señales inequívocas de riesgo para la investigación.

El 14 de noviembre un juez envió a González a prisión, luego de considerar que la golpiza contra la víctima no fue un altercado momentáneo, sino una agresión prolongada y desproporcionada.
“Con la primera golpiza era suficiente”, señaló la fiscal del caso. “Pero continuaron. Lo dejaron completamente indefenso”.

Además, el ente acusador cuestionó la versión del acusado sobre su presencia en la fiesta universitaria donde iniciaron los hechos. La fiscal aseguró que González habría tenido problemas laborales por consumo de alcohol y que su ingreso al evento habría sido pagado por Juan Carlos Suárez, otro de los señalados.

Con cada audiencia emergen nuevas contradicciones y detalles que podrían cambiar el rumbo de uno de los casos más sensibles del año. Mientras la defensa insiste en que González actuó movido por miedo y no por culpa, la Fiscalía sostiene que su comportamiento revela intentos de ocultar su participación.

Por ahora, el joven permanece en un centro carcelario mientras avanzan las investigaciones. Lo que sí está claro es que su llanto, su fuga temporal y sus propias palabras han terminado convirtiéndose en piezas centrales de un rompecabezas judicial que apenas empieza a armarse.

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