El Gobierno nacional confirmó la ejecución del primer bombardeo aéreo contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la región del Catatumbo, una operación militar de alto impacto que marca un giro radical en la estrategia de seguridad del Estado frente a este grupo guerrillero.
Fuentes de las Fuerzas Militares confirmaron que el operativo se llevó a cabo hacia la medianoche, en una zona rural ubicada entre los municipios de Tibú y El Tarra, en el departamento de Norte de Santander, uno de los corredores más estratégicos y disputados por el ELN para el control territorial y el narcotráfico.
El objetivo del ataque fue el Frente de Guerra Nororiental, estructura armada que domina amplias zonas del Catatumbo y que, según inteligencia militar, mantenía en el lugar entre 50 y 60 guerrilleros al momento del bombardeo.
De acuerdo con la información oficial, el punto impactado correspondía a una zona campamentaria distribuida en varios núcleos, ubicada a escasos metros de una carretera clave que el ELN utilizaba para ejercer control sobre la población civil, movilizar combatientes y sacar cargamentos de estupefacientes hacia rutas estratégicas.
Las Fuerzas Militares señalaron que la operación se ejecutó tras establecerse las condiciones necesarias para una “operación beta”, término con el que se denomina internamente a los bombardeos aéreos contra objetivos de alto valor militar.
En el operativo participaron de manera conjunta el Ejército Nacional, la Fuerza Aeroespacial Colombiana y la Policía Nacional, evidenciando una acción coordinada de gran escala.
Tras el ataque aéreo, se desplegó un operativo terrestre y aéreo con tropas del Ejército que llegaron al punto exacto del bombardeo, con el fin de verificar resultados, establecer posibles bajas y consolidar el control de la zona, una fase clave para determinar el impacto real de la ofensiva.
Este bombardeo reviste especial relevancia política y militar, pues no se registraban ataques aéreos contra el ELN desde septiembre de 2021, cuando se ejecutó una operación similar en el departamento del Chocó.
La acción reabre el debate nacional sobre el uso del poder aéreo en medio del conflicto armado y plantea interrogantes sobre el futuro de la confrontación con el ELN, especialmente en una región históricamente golpeada por la violencia, el abandono estatal y las economías ilegales.
Mientras el país espera un balance oficial de la operación, el mensaje del Gobierno es claro: el Catatumbo vuelve a ser escenario de guerra abierta.
