La gestión del presidente Gustavo Petro enfrenta un nuevo revés en materia de opinión pública. Según la más reciente encuesta de Invamer, el 64 % de los colombianos desaprueba su administración, mientras solo el 29 % la respalda. La tendencia confirma una pérdida progresiva de apoyo, agudizada desde abril de este año, cuando la desaprobación era del 57 %.
El estudio, que incluyó 1.400 entrevistas a personas mayores de 18 años en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena y Bucaramanga, revela un panorama adverso para el jefe de Estado, en especial en zonas urbanas y en los estratos socioeconómicos más altos.
Ciudades donde más se rechaza su gestión
La desaprobación más alta se registra en Medellín (81 %) y Bucaramanga (72 %), dos ciudades que ya habían mostrado una baja aceptación del mandatario en mediciones anteriores. En Bogotá, su principal bastión electoral, la desaprobación llega al 64 %, mientras que en Barranquilla alcanza el 57 %, en Cali el 51 % y en Cartagena el 50 %.
Los mayores y los estratos altos, los más críticos
El rechazo hacia Petro es más marcado entre los ciudadanos de 35 años en adelante, con niveles de desaprobación que superan el 69 %. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, sin embargo, la desaprobación baja a 49 %, lo que indica que todavía mantiene una base juvenil parcialmente sólida.
En términos de nivel socioeconómico, la mayor desaprobación se concentra en los estratos 4, 5 y 6 (75 %), donde la aprobación apenas alcanza el 22 %. En los estratos 1, 2 y 3, la desaprobación ronda el 62 % al 63 %.
Una encuesta en medio de reformas clave
El deterioro en la imagen presidencial se produce mientras el Gobierno libra batallas en el Congreso por sacar adelante reformas estructurales en salud, trabajo y pensiones. A esto se suma una percepción de incertidumbre económica y tensiones constantes con sectores empresariales, gremiales y algunas alcaldías.
Aunque el presidente ha mantenido un estilo confrontacional y ha apelado al respaldo popular en varias ocasiones, la encuesta sugiere que ese apoyo ciudadano se ha debilitado de forma considerable.
Si bien aún resta más de un año y medio de mandato, los datos de Invamer plantean un desafío político serio: cómo recuperar la confianza ciudadana sin ceder en el proyecto transformador que ha caracterizado su administración.


