La crisis entre Estados Unidos y Venezuela alcanzó un nuevo punto de inflexión este martes, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump declarara que está dispuesto a hablar directamente con Nicolás Maduro, incluso mientras aviones y buques de guerra norteamericanos continúan operando en el Caribe en una demostración de fuerza que Caracas ha calificado como una “provocación bélica”.
A bordo del Air Force One, rumbo a su residencia privada en Florida durante el Día de Acción de Gracias, Trump lanzó una frase que desató una tormenta diplomática:
“Si podemos salvar vidas, si podemos hacer las cosas por las buenas, está bien. Y si tenemos que hacerlo por las malas, también estaría bien.”
Consultado sobre si prevé comunicarse con el mandatario venezolano, el presidente respondió sin rodeos: “Puede que hable con él. Ya veremos”.
Sus declaraciones se producen en medio de un ambiente cargado de incertidumbre, luego de que Washington alertara sobre un “aumento de la actividad militar” alrededor de Venezuela, un mensaje que desató consecuencias inmediatas en el transporte aéreo internacional y agudizó las tensiones en la región.
Desde agosto, Estados Unidos ha desplegado una flotilla de buques de guerra en el Caribe, bajo el argumento de combatir el narcotráfico. La Casa Blanca sostiene que Maduro lidera el supuesto Cartel de los Soles, acusación que Caracas considera una “vil mentira”.
A esto se suma una serie de 20 ataques aéreos en el Caribe y el Pacífico contra embarcaciones identificadas como narcolanchas, con un saldo de más de 80 muertos. Analistas advierten que se trata de la operación militar más agresiva de Estados Unidos en la región en la última década.
La respuesta de Caracas no se hizo esperar. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, acusó a Washington de preparar el terreno para una intervención:
“Disponen sus armas para la guerra. Bombarderos, buques, destructores, submarinos… todos acercándose a nuestras costas para intimidar a un pueblo”, expresó.
La tensión militar ya genera repercusiones globales. Al menos siete aerolíneas internacionales suspendieron sus rutas hacia y desde Venezuela durante el fin de semana, tras advertencias de Estados Unidos sobre el incremento de movimientos militares.
La Administración Federal de Aviación (FAA) pidió a todas las aeronaves que sobrevuelan territorio venezolano extremar precauciones, señalando el “empeoramiento de la seguridad” en el área.
En un movimiento que encendió aún más los ánimos, Estados Unidos anunció que clasificará al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, medida que entró en efecto este lunes y que abre la puerta a nuevas sanciones e incluso operaciones militares específicas.
Cuando se le preguntó si descartaba el envío de tropas a Venezuela, Trump fue tajante:
“No, no lo descarto. No descarto nada.”
La declaración encendió alarmas en la región y puso en alerta a organismos internacionales que han advertido sobre el riesgo de un conflicto abierto.
Pese al clima beligerante, Maduro ha insistido en su propuesta de diálogo directo:
“Nuestra posición es invariable. Estamos listos para conversar cara a cara con el presidente estadounidense.”
El eventual encuentro entre ambos líderes podría convertirse en uno de los hitos diplomáticos más tensos de la política reciente del continente. Mientras Washington sostiene el despliegue militar y Caracas denuncia amenazas de invasión, la posibilidad de un diálogo se abre paso en el escenario menos propicio: el de las maniobras militares, la desconfianza mutua y el riesgo creciente de un choque armado.
Lo que ocurra en los próximos días definirá si el Caribe es escenario de una negociación improbable… o de una escalada que el mundo entero observa con preocupación.
