En un giro inesperado que estremeció al Centro Democrático, el dirigente antioqueño Andrés Guerra Hoyos anunció su renuncia a la precandidatura presidencial del partido, decisión que oficializó mediante una extensa y emotiva carta dirigida al expresidente Álvaro Uribe Vélez, al director de la colectividad Gabriel Vallejo Chujfi y a los demás aspirantes del proceso interno: Paola Holguín, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y Miguel Uribe Londoño.
La salida de Guerra marca el cierre de una aspiración que defendió desde 2024 y que calificó como un “viaje de quilates increíble por Colombia”, pero también el punto más alto de una tensión acumulada dentro de la colectividad, justo cuando el uribismo reajusta de manera abrupta su ruta hacia 2026.
En la misiva, revelada porun medio nacional, Guerra Hoyos hace un repaso político y emocional que ha sido interpretado como una radiografía de las fracturas internas del partido. El exprecandidato describe su experiencia como un “doctorado de conocimiento”, pero también reconoce el desgaste por la falta de respaldo, la competencia desigual y el clima de ataques que enfrentó durante la precampaña.
Guerra admite sin rodeos que nunca fue el favorito y que debió aprender a leer “los vientos” de un proceso que, asegura, lo llevó al límite: desde la presión por crecer en redes hasta la frustración de esperar entrevistas que nunca se concretaron.
También exaltó la importancia de mantener la autenticidad, representada —según él— en símbolos personales como el sombrero y el guayacán, marcas de identidad que se negó a abandonar.
El dirigente aseguró que notificó a Gabriel Vallejo que no podía esperar hasta febrero, fecha en la que el Centro Democrático definirá oficialmente su candidato presidencial.
El retiro de Guerra ocurre justo después de que el Centro Democrático modificara de manera sustancial su cronograma para escoger candidato. La nueva fecha límite de inscripción será el 6 de febrero de 2026, moviendo el proceso que inicialmente debía cerrarse el 28 de noviembre de este año.
El partido dejó abierta la puerta para usar cualquiera de sus mecanismos internos, desde votación hasta designación directa, lo que ha aumentado la incertidumbre y alimentado especulaciones sobre tensiones entre las corrientes del uribismo.
Mientras el Centro Democrático reiteró su postura opositora frente al Gobierno Petro y calificó sus políticas como “neocomunismo destructor”, la salida de Andrés Guerra deja al descubierto un partido en plena efervescencia, con heridas abiertas y un proceso interno cada vez más incierto.
La renuncia, más que un retiro personal, se convierte en un mensaje directo sobre el desgaste, la competencia interna y las tensiones que hoy atraviesan al uribismo.
