Lo que para los habitantes de Cofradía-Gallego era un símbolo de progreso y sostenibilidad, hoy es motivo de frustración. La decisión de Cortolima de negar la licencia ambiental a una planta solar ha dejado a la comunidad sin empleo, sin formación técnica y con una sensación de haber sido ignorada. La energía del sol no logra iluminar el camino de desarrollo para la vereda Cofradía-Gallego, en Venadillo, Tolima. La planta solar “Los Venados”, un ambicioso proyecto de 15 megavatios promovido por la multinacional Voltalia, fue frenada tras un concepto negativo emitido por la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima), pese a los estudios técnicos presentados y el respaldo ciudadano.
Desde 2023, Voltalia había comenzado a trabajar con la comunidad, ofreciendo talleres, estableciendo alianzas con el SENA y generando expectativas reales de empleo en una zona donde la economía agrícola es frágil y la industria prácticamente inexistente.
La sorpresa llegó cuando, a pesar de cumplir con más de 40 requerimientos técnicos y ambientales, la corporación regional negó la licencia ambiental. Para los habitantes, la decisión no solo fue técnica, sino política. “Nos sentimos ignorados. Se nos niega el derecho a trabajar, a progresar, a contribuir con el medio ambiente”, afirma Eduard Ferley Carrillo, presidente de la Junta de Acción Comunal.
Carrillo ha elevado una petición formal ante la Procuraduría General de la Nación, exigiendo que se revise el proceso y se escuche a la comunidad, que considera la decisión como una “injusticia ambiental y social”.
Impacto ambiental y social perdido:
La planta solar “Los Venados” prometía reducir más de 23.000 toneladas de CO2 al año y generar decenas de empleos directos e indirectos. Además, ofrecía la posibilidad de formar técnicos en energía solar en alianza con el SENA, permitiendo a jóvenes rurales insertarse en un nuevo mercado laboral.
Con la negativa de Cortolima, ese futuro se detiene. “Este proyecto era una luz para nuestros jóvenes”, dice un habitante. Hoy, esa luz parece apagarse entre trámites, silencios institucionales y decisiones que muchos en la vereda no logran comprender.
Mientras el país promueve la transición energética en foros internacionales, comunidades como la de Cofradía-Gallego sienten que sus esfuerzos locales por sumarse a ese cambio son desestimados. El caso de Venadillo deja una pregunta urgente en el aire:
¿De qué sirve hablar de energía limpia si se impide que llegue a los territorios?
