• 23 agosto, 2026 10:10 pm

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La esperada llamada entre el presidente Gustavo Petro y el mandatario estadounidense Donald Trump no fue un gesto espontáneo ni una concesión inmediata. Detrás del diálogo, que se extendió por cerca de 40 minutos, hubo un prolongado pulso diplomático marcado por negativas, intermediaciones políticas y un cuidadoso reajuste de las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos.

Durante más de un año, el Gobierno colombiano buscó establecer un canal directo con la Casa Blanca sin éxito. Las tensiones públicas entre ambos mandatarios, amplificadas por enfrentamientos en redes sociales y desacuerdos sobre temas sensibles como el narcotráfico y Venezuela, dificultaron cualquier acercamiento. Sin embargo, en las últimas semanas, el escenario comenzó a cambiar.

El punto de quiebre se produjo gracias a una serie de gestiones lideradas por la canciller Rosa Villavicencio, quien asumió la tarea de recomponer los canales formales con Washington. Su interlocución con el secretario de Estado, Marco Rubio, permitió reactivar conversaciones que hasta entonces se encontraban bloqueadas. En paralelo, una extensa reunión en Bogotá con el embajador estadounidense John McNamara, el pasado 7 de enero, terminó por allanar el camino para el contacto presidencial.

Desde Estados Unidos también hubo movimientos clave. El senador republicano Rand Paul actuó como puente político al confirmar al embajador colombiano Daniel García-Peña la disposición directa de Donald Trump para hablar con Petro. Las conversaciones previas entre ambos diplomáticos sobre la conveniencia de reducir la tensión bilateral fueron decisivas para que el diálogo se concretara en un corto plazo.

El resultado fue un giro en la relación entre ambos países. A partir de ahora, según fuentes diplomáticas, el intercambio se realizará directamente entre los jefes de Estado y los cancilleres, sin intermediarios, una señal clara de que Washington flexibilizó su postura frente al Gobierno colombiano.

Tras la llamada, Petro confirmó el contacto desde la Plaza de Bolívar y destacó el cambio de tono de su homólogo. Trump, a su vez, valoró el enfoque conciliador del mandatario colombiano y manifestó su intención de reunirse con él en Washington, encuentro que ya comenzó a tomar forma en la agenda bilateral.

Durante la conversación, el narcotráfico fue uno de los ejes centrales. Petro defendió la estrategia colombiana contra las drogas, subrayando las incautaciones récord de cocaína, y cuestionó las sanciones impuestas por Estados Unidos a funcionarios y familiares, a las que calificó de desproporcionadas. También rechazó versiones que, según dijo, distorsionaron la percepción de Trump sobre su gobierno.

La situación en Venezuela generó uno de los momentos más delicados del diálogo. Mientras Petro expresó su desacuerdo con la operación que derivó en la captura de Nicolás Maduro, Trump reiteró su postura de que el líder venezolano debe responder ante la justicia estadounidense. Aun así, ambos coincidieron en la necesidad de contener la expansión de grupos armados ilegales en la región fronteriza.

El acercamiento tuvo repercusiones inmediatas en el escenario interno colombiano. Petro utilizó la llamada como respaldo político durante una movilización en la Plaza de Bolívar, donde reforzó su discurso frente a la oposición y al expresidente Álvaro Uribe.

Más allá del simbolismo, la conversación marcó el inicio de una etapa de recomposición diplomática entre Bogotá y Washington. Un proceso frágil, pero significativo, que busca dejar atrás meses de confrontación y reabrir el diálogo sobre los temas más sensibles de la agenda regional.

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