Frente a los recientes hechos violentos ocurridos en el país, entre ellos el atentado en Antioquia que derribó un helicóptero de la Policía Nacional y la explosión cerca de la Base Aérea Marco Fidel Suárez en Cali, el expresidente Álvaro Uribe Vélez lanzó una contundente advertencia:
“O derrotamos el narcoterrorismo, incluso con ayuda internacional, o el narcoterrorismo acaba con Colombia”.
El pronunciamiento, que refleja su histórica posición frente a los grupos armados ilegales, fue interpretado como un llamado urgente al Gobierno Nacional para tomar medidas más firmes contra estructuras criminales que, según él, están actuando con creciente impunidad en varias regiones del país.
Uribe, quien durante su mandato lideró una política de seguridad democrática que debilitó significativamente a las FARC y otras estructuras criminales, también ha expresado en semanas recientes su preocupación por el aumento de los discursos de odio y la falta de garantías para la oposición política.
La frase compartida hoy, en medio de la consternación nacional por los atentados, ha generado diversas reacciones. Algunos sectores coinciden en que es momento de fortalecer la cooperación internacional en materia de inteligencia y lucha contra el narcotráfico. Otros critican lo que consideran una narrativa militarista que ignora las causas sociales del conflicto.
Lo cierto es que la violencia reciente —con múltiples bajas en la fuerza pública y una sensación creciente de inseguridad— vuelve a poner el debate sobre el narcoterrorismo y la seguridad nacional en el centro del panorama político colombiano.