El senador Iván Cepeda encendió el escenario político al cerrar de forma categórica la puerta a un debate con sectores de centro y plantear una confrontación directa con lo que denomina “la extrema derecha”, en una apuesta que profundiza la polarización de cara a la contienda electoral.
“Está muy claramente establecido con quién es el debate en este caso: son los candidatos de la extrema derecha. Con otros candidatos podemos tener diálogos, conversaciones”, afirmó el congresista, dejando claro que no contempla un escenario amplio de discusión entre múltiples corrientes.
Cepeda delimitó el campo de batalla político y puso nombres propios sobre la mesa, al señalar que el contraste debe darse con figuras como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, representantes —según su visión— de un modelo opuesto al que él defiende.
“Hay que mostrarle al país dos posiciones claramente opuestas”, sostuvo, insistiendo en que la ciudadanía debe ver un enfrentamiento directo entre proyectos ideológicos sin matices intermedios.
El senador trazó una línea divisoria tajante entre las propuestas en disputa. De un lado, ubicó su proyecto político como una apuesta por reformas sociales y bienestar para la población. Del otro, describió a sus contradictores como defensores de un modelo “neoliberal” basado en la concentración de la riqueza, la militarización y la confrontación.
“La mía es la posición de lo social… la otra es la neoliberal”, afirmó, en un discurso que busca simplificar el debate en dos visiones antagónicas del país.
La exclusión explícita de los sectores de centro no pasó desapercibida. Aunque Cepeda dejó abierta la posibilidad de “diálogos” con esas corrientes, descartó su participación en el escenario principal de debate, lo que ha sido interpretado como un intento de reducir la discusión a un duelo ideológico sin puntos intermedios.
Con estas declaraciones, Cepeda no solo define con quién debatirá, sino cómo se dará la discusión política en los próximos meses: menos consensos, más confrontación y un país dividido entre visiones radicalmente opuestas. El escenario está planteado. Y, al parecer, no habrá espacio para los términos medios.
