La relación entre Estados Unidos y Colombia atraviesa su peor crisis en décadas. El presidente norteamericano Donald Trump arremetió con dureza contra su homólogo Gustavo Petro, a quien calificó abiertamente de “líder del narcotráfico” y lo acusó de “fomentar la producción masiva de drogas” en todo el territorio nacional.
El estallido diplomático se produjo apenas 48 horas después del ataque contra la Embajada de EE. UU. en Bogotá, perpetrado por un grupo autodenominado Congreso de los Pueblos, integrado por encapuchados que portaban flechas y símbolos indígenas. Petro, según la Casa Blanca, no emitió ningún pronunciamiento de condena frente al ataque, lo que habría desatado la furia del mandatario estadounidense.
Trump, a través de su cuenta en Truth Social, anunció de inmediato la suspensión total de los recursos financieros que Washington destina a la lucha antidrogas en Colombia, decisión que pone en jaque el financiamiento de las Fuerzas Militares y el Plan Patriota, pilares de la cooperación bilateral. “A partir de hoy, estos pagos o cualquier otra forma de subsidio ya no se realizarán a Colombia. Petro fomenta un negocio de muerte que ha inundado de drogas y destrucción a Estados Unidos”, escribió el mandatario.
La reacción de Petro no se hizo esperar. Desde su cuenta de X (antiguo Twitter), calificó a Trump como “un grosero e ignorante con Colombia” y advirtió que convocará a la ciudadanía a una gran movilización en la Plaza de Bolívar, asegurando que “Bolívar cabalga de nuevo”.
El estallido verbal ocurre en medio de una escalada militar estadounidense en el Caribe, donde buques de guerra han atacado embarcaciones sospechosas de transportar cocaína. En uno de esos operativos, un colombiano identificado como Alejandro Carranza murió tras el bombardeo de su lancha. Petro denunció el hecho como una “violación de la soberanía nacional”, mientras que el gobierno de Trump aseguró que la embarcación pertenecía al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y era usada para el tráfico de drogas.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, confirmó que el ataque dejó tres muertos y que fue parte de una operación contra rutas del narcotráfico que, según Washington, “Petro se ha negado a combatir”. Sin embargo, versiones judiciales revelaron que Carranza, a quien Petro defendió como pescador inocente, fue capturado en 2016 por el robo de armas de la Policía en Santa Marta, caso vinculado con la banda Los Pachenca.
La crisis escaló con nuevas amenazas de Trump: “Si Petro no cierra los campos de cocaína, Estados Unidos actuará, y no será de manera amable”. Además, advirtió que impondrá nuevos aranceles a Colombia como sanción comercial.
Analistas consultados por un medio nacional coinciden en que se trata de la peor ruptura bilateral desde el gobierno de Ernesto Samper. El internacionalista Gabriel Jiménez advirtió que “el golpe es devastador para las finanzas del Estado y la cooperación militar”, mientras que la politóloga Patricia Muñoz aseguró que Petro podría “convertir el conflicto con Trump en una oportunidad política, presentándose como un líder latinoamericano agredido por una potencia extranjera”.
Con el dólar en alza y las relaciones con Washington congeladas, Colombia enfrenta un escenario incierto. Mientras tanto, Petro parece decidido a capitalizar el conflicto como un símbolo de soberanía frente al poder estadounidense.
