• 31 octubre, 2026 4:19 am

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Sindicato sacude a Ecopetrol y exige la salida de su presidente en medio de crisis.

La tensión alrededor de Ecopetrol llegó a un punto crítico. La Unión Sindical Obrera (USO) lanzó una advertencia sin precedentes, pues la principal empresa del país podría enfrentar un colapso financiero y reputacional si no se toman decisiones urgentes sobre su liderazgo.

El blanco de la presión es el actual presidente de la petrolera, Ricardo Roa. Para el sindicato, su permanencia agrava un “impacto reputacional crítico” que ya estaría comenzando a golpear la confianza de inversionistas y el manejo financiero de la compañía.

Según explicó, Ecopetrol mantiene cerca de 30.000 millones de dólares en deuda, en su mayoría con acreedores internacionales. Un deterioro en la reputación podría activar alertas en los mercados y desencadenar exigencias anticipadas de pago.

En ese escenario, advirtió, la empresa podría no tener capacidad de respuesta, lo que abriría la puerta a una crisis mayor. “Sin estabilidad institucional no hay estabilidad financiera”, insistió Ravelo.

El sindicato elevó el tono contra la junta directiva y pidió decisiones inmediatas. “No creemos que se deba esperar un cambio de gobierno. Esto puede terminar convirtiéndose en algo catastrófico”, afirmó Ravelo.

Aunque la USO dice respetar la autonomía del órgano corporativo, también lanzó una advertencia clara: cualquier injerencia del gobierno de Gustavo Petro podría agravar la crisis.

La preocupación no es menor. Al cotizar en la Bolsa de Nueva York, Ecopetrol está sujeta a estrictos estándares regulatorios, lo que hace que cualquier golpe reputacional tenga efectos inmediatos en la confianza de inversionistas y en su acceso a financiamiento.

La USO confirmó que pidió diálogo con el Gobierno, pero dejó claro que las decisiones deben tomarse en la junta directiva. Sin embargo, también advirtió que no descarta escalar la presión.

Sobre la mesa están herramientas como asambleas permanentes, mítines e incluso eventuales afectaciones a la producción de crudo y refinados.

El sindicato recordó su historial de confrontación, como la huelga de 2004 para frenar la privatización de la empresa, y lanzó un mensaje contundente: “No vacilaremos en movilizar a los trabajadores”.

El pulso está servido. De un lado, el sindicato presiona con un discurso de crisis inminente; del otro, la junta directiva enfrenta una de las decisiones más delicadas en la historia reciente de la compañía.

En juego no solo está la permanencia de su presidente, sino la estabilidad de la empresa más importante del país.

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