Un giro inesperado en la política energética del país encendió el debate este domingo. El presidente Gustavo Petro advirtió que Colombia podría enfrentar un nuevo incremento en los precios de la gasolina y el diésel, en contravía de los recientes anuncios de reducción, debido al repunte internacional del petróleo en medio de tensiones geopolíticas.
A través de su cuenta en X, el mandatario fue contundente y dejó saber que el país no podrá sostener subsidios a los combustibles si el crudo continúa al alza en los mercados internacionales. “Si aumenta el precio internacional, también subirá en Colombia”, anunció, dejando claro que el margen de maniobra del Gobierno es limitado frente a la volatilidad externa.
La declaración marca un cambio de tono frente a las medidas adoptadas a inicios de 2026, cuando el Ejecutivo redujo en dos ocasiones el precio del galón de gasolina —$500 en febrero y otros $500 desde el 1 de marzo—, generando expectativas de alivio para los consumidores. Sin embargo, ese respiro podría ser temporal.
El endurecimiento del panorama responde a una coyuntura internacional crítica. El aumento sostenido del precio del petróleo se ha visto impulsado por la escalada de tensiones en Oriente Medio, tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, lo que disparó el valor del barril por encima de los 100 dólares en marzo.
Ante este escenario, Gustavo Petro no solo descartó subsidios a la gasolina, sino que planteó una reorientación estratégica de los recursos del Estado, priorizando el sector agrícola.
El jefe de Estado anunció la construcción de un “sistema intensivo de fertilizantes subsidiados”, en el que Ecopetrol jugaría un rol central. La propuesta contempla redirigir utilidades de la petrolera estatal para financiar la producción nacional de fertilizantes.
“Renunciando al monto de utilidades que será la financiación del subsidio a los fertilizantes, la nación permitirá elaborar fertilizantes de origen colombiano”, explicó el mandatario, en una apuesta que busca mitigar el impacto del encarecimiento de insumos agrícolas.
En este nuevo esquema, el subsidio al diésel quedaría restringido exclusivamente al transporte de carga, lo que anticipa un posible aumento en los costos para otros sectores que dependen de este combustible.
La advertencia presidencial abre un frente de incertidumbre económica para millones de colombianos. Mientras el Gobierno apuesta por fortalecer la producción agrícola y reducir la dependencia externa, los consumidores podrían enfrentar nuevamente un aumento en los precios de los combustibles, con efectos directos sobre el costo de vida.
