El parque Manuel Murillo Toro de Ibagué se convirtió en el epicentro de la política nacional este 3 de octubre, cuando el presidente Gustavo Petro lanzó uno de los discursos más contundentes de su mandato. Ante una multitud que colmó el lugar, el jefe de Estado expuso su plan para “profundizar el cambio” a través de una Asamblea Nacional Constituyente, mecanismo que —según dijo— permitirá destrabar las reformas sociales que el Congreso “se ha negado a aprobar por miedo”.
“La Constitución sirve, pero el problema son los congresistas que tienen miedo de dejar que el pueblo decida”, sentenció Petro, quien instó a los asistentes a organizarse para recolectar dos millones y medio de firmas, requisito legal para poner en marcha el proceso constituyente.
El mandatario no solo defendió la necesidad de una nueva carta política, sino que también envió un mensaje directo a las fuerzas tradicionales y a la oposición. “Reelijamos el proyecto y de dos maneras. Habrá una persona elegida por el pueblo que profundice las reformas que nosotros hemos iniciado. Y habrá una bancada mayoritaria en el Congreso, progresista y sin miedo al cambio”, afirmó.
Durante su intervención, el presidente también se refirió al panorama electoral de 2026, dejando entrever que, aunque no podrá presentarse, su movimiento tendrá un candidato de continuidad:
“Ellos saben que si yo me lanzara los barrería de lejos. Pónganme a Paloma, a Vicky o a De la Espriella y les gano a todos juntos. No me dejan porque les da mieditis que yo sea candidato”, declaró ante los vítores de la multitud.
El discurso, cargado de simbolismo y desafío, consolidó a Petro como el principal impulsor de una agenda de confrontación con el Congreso y con las élites políticas tradicionales. Su llamado a una Constituyente reabre el debate sobre los límites del actual modelo institucional y plantea un nuevo pulso entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Mientras sectores de izquierda celebraron el pronunciamiento como un paso “hacia la verdadera democracia popular”, la oposición ya prepara su respuesta, advirtiendo que la propuesta podría “abrir la puerta a la reelección disfrazada” y “poner en riesgo la estabilidad del Estado de Derecho”.
Con este nuevo mensaje, Petro no solo desafía al Congreso, sino que apuesta por trasladar la discusión política al terreno del pueblo. La plaza de Ibagué fue el escenario de una declaración que podría marcar el rumbo de la política colombiana en los próximos meses: la batalla por una nueva Constitución ha comenzado.
