A menos de un mes del cambio de Gobierno, el presidente saliente, Gustavo Petro, anunció que no asistirá a la ceremonia de posesión presidencial de Abelardo de la Espriella, programada para el próximo 7 de agosto.
La declaración fue realizada durante un consejo de ministros televisado, donde el mandatario reiteró sus señalamientos sobre un presunto fraude en la segunda vuelta presidencial, una acusación que hasta el momento no ha sido demostrada ante las autoridades judiciales ni respaldada con pruebas públicas.
“Yo no puedo aceptar un presidente, y por eso no voy a estar el 7 de agosto en ninguna parte, ni darle la mano. Allá él que lo diga, pero él sabe por qué, porque eso es un fraude”, afirmó Petro durante la reunión de Gobierno, según lo publicado por la revista Semana.
Tradicionalmente, el presidente saliente acompaña al mandatario electo durante la ceremonia de posesión ante el Congreso de la República, participa en el protocolo de transmisión del mando y protagoniza uno de los momentos más simbólicos de la democracia: el saludo institucional entre quien deja el poder y quien asume la conducción del país.
Con el anuncio de Petro, ese acto protocolario no se realizaría, al igual que otros eventos previstos para la jornada de transición presidencial.
Durante su intervención, el mandatario aseguró que las presuntas irregularidades no corresponderían a una diferencia de varios millones de votos, sino a una cifra que estimó en 848.000 sufragios.
“No es el fraude monumental de cuatro o cinco millones, que sería fácil de encontrar. No. Es un fraude que yo creo que es de 848.000 votos”, sostuvo.
Hasta el momento, esas afirmaciones continúan siendo una posición política del presidente saliente y no cuentan con decisiones judiciales ni con pruebas conocidas públicamente que respalden la existencia de un fraude electoral.
El anuncio se produce en medio de un ambiente cada vez más tenso entre la administración saliente y el equipo de transición de Abelardo de la Espriella.
En las últimas semanas, el gobierno entrante ha manifestado inconformidad con el proceso de empalme y ha solicitado información oficial mediante derechos de petición, mientras que Petro ha mantenido sus cuestionamientos frente a los resultados electorales.
Las diferencias han marcado la recta final del actual Gobierno y elevan la incertidumbre sobre el desarrollo de la ceremonia de posesión.
La ausencia del presidente saliente también genera dudas sobre el cumplimiento de varios actos establecidos en el protocolo presidencial.
El Decreto 770 de 1982 contempla que, antes de la transmisión del mando, el presidente en ejercicio imponga al mandatario electo condecoraciones como la Orden de Boyacá en grado de Gran Collar, la Orden de San Carlos y la Orden Nacional al Mérito.
Con la decisión anunciada por Petro, el Gobierno deberá definir cómo se desarrollarán estos procedimientos o si será necesario realizar ajustes al protocolo oficial.
Mientras tanto, los preparativos para la posesión de Abelardo de la Espriella avanzan.
Uno de los temas que aún está pendiente de definición es el lugar donde se llevará a cabo el juramento presidencial. El presidente electo ha manifestado su intención de realizar la ceremonia en una guarnición militar ubicada en el sur del país, propuesta que deberá ser evaluada por el Congreso de la República.
Se espera que el próximo 20 de julio el Legislativo tome una decisión sobre esa posibilidad, en medio de posiciones divididas y de un ambiente político marcado por la confrontación entre el gobierno saliente y la nueva administración.
La ausencia anunciada por Gustavo Petro añade un nuevo capítulo a una transición presidencial que, lejos de desarrollarse bajo los protocolos tradicionales, se perfila como una de las más tensas y atípicas de los últimos años.
