Bogotá vuelve a estremecerse por un caso de irresponsabilidad al volante que costó la vida de una menor de edad. Karol Stephania, una adolescente de 15 años, murió tras permanecer varios días en la Unidad de Cuidados Intensivos con diagnóstico de muerte cerebral, luego de ser arrollada por un taxista en estado de embriaguez en el barrio Santa Rita, localidad de San Cristóbal.
El trágico accidente ocurrió la noche del sábado 8 de noviembre, cuando el conductor José Eduardo Chalá perdió el control del vehículo e impactó violentamente contra once personas que se encontraban reunidas en una esquina, cerca de una barbería del sector. Entre las víctimas se encontraba el hermano menor de Karol, de tan solo siete años, quien continúa en estado crítico.
La Secretaría de Salud de Bogotá confirmó el deceso de la joven el martes 11 de noviembre, generando una ola de indignación y dolor en la comunidad.
“Repudiamos este hecho de irresponsabilidad vial y enviamos un mensaje de solidaridad a la familia de la víctima”, declaró el secretario Gerson Bermont, quien pidió fortalecer los controles contra conductores ebrios.
Esa misma noche, decenas de vecinos realizaron una velatón en memoria de Karol Stephania, exigiendo justicia y sanciones ejemplares. Las velas encendidas y los carteles con mensajes de rechazo al conductor reflejaron el sentimiento de impotencia que hoy recorre el sector.
Las autoridades confirmaron que el taxista presentó grado tres de alcoholemia, el nivel más alto contemplado por la ley. Tras ser atendido en un hospital, fue presentado ante un juez de control de garantías, donde aceptó los cargos de homicidio en grado de tentativa y lesiones personales dolosas agravadas. Posteriormente, fue enviado a prisión.
De manera alarmante, la Policía de Tránsito reveló que Chalá acumulaba más de diez comparendos por diferentes infracciones viales, lo que ha reavivado el debate sobre el control y seguimiento a conductores reincidentes.
Mientras las familias de las víctimas enfrentan el dolor y la incertidumbre, la comunidad de Santa Rita exige que este caso no quede impune y se convierta en un llamado urgente a fortalecer las sanciones contra quienes conducen bajo los efectos del alcohol.
“Karol tenía sueños, era una niña alegre, amaba bailar. No puede ser que alguien con tantas multas siguiera conduciendo”, expresó entre lágrimas una vecina durante el homenaje.
El fallecimiento de la joven deja en evidencia una dolorosa realidad: las tragedias causadas por conductores ebrios siguen cobrando vidas inocentes, pese a los reiterados llamados de las autoridades y la sociedad civil.
