• 24 agosto, 2026 11:21 am

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Gobierno Nacional obligará a fortificar alimentos básicos para combatir la desnutrición.

El Gobierno Nacional encendió el debate con la expedición del Decreto 380 de 2026, una medida que impactará directamente la alimentación diaria de millones de ciudadanos y es que desde ahora, productos de consumo masivo como la harina de trigo, la harina de maíz y el arroz deberán ser fortificados con vitaminas y minerales esenciales.

La norma, impulsada por el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, busca atacar de frente las deficiencias nutricionales que afectan a buena parte de la población, sin exigir cambios en los hábitos alimenticios. En la práctica, alimentos tradicionales como el pan, las arepas y el arroz llegarán a las mesas con un “refuerzo invisible” de nutrientes.

Uno de los puntos más polémicos —y a la vez estratégicos— del decreto es que la fortificación no alterará el sabor, el olor ni la apariencia de los alimentos. Según el Gobierno, esto permitirá una implementación masiva sin generar rechazo entre los consumidores.

Además, se utilizarán compuestos de alta absorción, diseñados para que el organismo aproveche mejor los nutrientes, lo que convertiría esta medida en una intervención silenciosa pero de alto impacto en la salud pública.

De acuerdo con el Análisis de Impacto Normativo, los efectos podrían ser contundentes: hasta el 68 % del requerimiento de zinc en mujeres gestantes, el 84 % del hierro necesario en adultos y cerca del 40 % de vitamina B2 en adolescentes podrían cubrirse a través de estos alimentos fortificados.

Las autoridades aseguran que esto se traduciría en menos enfermedades asociadas a la mala nutrición, mejor rendimiento escolar y mayor productividad laboral.

Sin embargo, la medida no está exenta de controversia. Aunque el Gobierno calcula que el incremento en los costos de producción oscilará entre el 0,3 % y el 2,5 %, algunos sectores advierten que este ajuste podría trasladarse al precio final de los alimentos, impactando el bolsillo de los consumidores.

La fortificación de alimentos no es nueva, pues más de 80 países han implementado estrategias similares, consideradas entre las más costo-efectivas para mejorar la nutrición poblacional.

No obstante, en Colombia el debate apenas comienza. Mientras el Gobierno defiende la medida como una herramienta clave para reducir brechas en salud —especialmente en niños, adolescentes y mujeres gestantes—, surgen preguntas sobre su implementación, control y efectos reales en el mercado.

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