La tormenta diplomática entre Colombia y Estados Unidos suma un nuevo capítulo. El ministro de la Igualdad, Juan Carlos Florián, reveló que la embajada estadounidense le notificó la cancelación de su visa A1, lo que le impide ingresar al país norteamericano.
Lejos de recibirlo como una derrota, el funcionario celebró la medida con tono desafiante: “Soy otra más de las personas del gabinete ministerial de Colombia a quien le fue cancelada la visa para viajar a Estados Unidos. Nadie me quita el orgullo de haber presenciado en vivo el histórico y apoteósico discurso de mi presidente Petro ante la ONU”. Incluso, en un mensaje polémico, remató con un sarcástico “¡Lero, lero!”.
Con Florián, ya son tres los funcionarios del gobierno Petro que han perdido el privilegio diplomático: la directora del DAPRE, Angie Rodríguez, y el ministro de Minas, Edwin Palma. A esa lista se suman quienes renunciaron voluntariamente a su visa en señal de respaldo político: el ministro de Hacienda, Germán Ávila, y la superintendente de Industria y Comercio, Cielo Rusinque.
El eco del asunto escaló más allá del gabinete. El exalcalde de Medellín y precandidato presidencial, Daniel Quintero, anunció que entregaría su visa en respaldo al presidente Petro. La reacción no se hizo esperar: Christopher Landau, subsecretario de Estado, respondió con ironía “¡A la orden!” y compartió en redes sociales una caricatura donde se presentaba como “El Quitavisas”.
El episodio, más allá de lo anecdótico, refleja un evidente deterioro en las relaciones bilaterales. La medida limita la movilidad internacional de la delegación colombiana, en un momento en que la Casa de Nariño insiste en redefinir su papel frente a Washington.
