La vieja frase de que “Colombia es el aliado histórico de Estados Unidos en el hemisferio” parece haber quedado sepultada. La decisión de Washington de retirarle la visa al presidente Gustavo Petro, y de extender la medida a varios miembros de su gabinete, ha generado un terremoto político y diplomático que amenaza con aislar al país en un momento de fragilidad económica y fiscal.
El mandatario reaccionó desafiante desde Nueva York:
“Nos llena de orgullo no tener la visa de un país cuyo gobierno apoya un genocidio”, afirmó Petro, en referencia a la situación en Gaza y a la postura de la administración estadounidense frente al conflicto en Medio Oriente.
Incluso, en un episodio inédito, el presidente, megáfono en mano y escoltado por el Servicio Secreto, llamó a soldados norteamericanos a desobedecer órdenes de Donald Trump —quien buscaría volver a la Casa Blanca— y a “obedecer la orden de la humanidad”.
La medida de EE. UU. no solo tocó a Petro. También perdieron la visa el ministro de Minas, Edwin Palma, y la directora del Dapre, Angie Rodríguez. Palma reaccionó en redes: “Gaza bien vale una visa”.
Otros funcionarios fueron más allá y renunciaron voluntariamente a su visado en solidaridad con el jefe de Estado. Entre ellos están la canciller Rosa Villavicencio, el ministro de Hacienda Germán Ávila, el secretario jurídico Augusto Cubides y la superintendente Cielo Rusinque.
Algunos, como el ministro Armando Benedetti, propusieron un acto de lealtad total: “Todo el gabinete debería renunciar a su visa; es un gesto político contra una decisión injusta”.
La ola de respaldo incluso alcanzó al exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, quien aseguró que también está dispuesto a renunciar. Desde Washington, la respuesta fue sarcástica: Christopher Landau, subsecretario de Estado, replicó con un mensaje en X: “A la orden”, acompañado de una caricatura estilo Batman con el “quitavisas”.
Aunque el Gobierno insiste en que no hay fractura de relaciones, expertos advierten que las consecuencias prácticas son graves.
El excanciller Julio Paredes advirtió que una canciller sin visa “difícilmente puede cumplir sus funciones”, mientras que José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, calificó de “equivocación profunda” la renuncia de Ávila:
“El país es el que pierde: en medio de déficit fiscal y tasas de interés altas, se cierran puertas con organismos e inversionistas clave en Estados Unidos”, señaló Restrepo.
En la misma línea, Juan Alberto Londoño, exministro encargado de Hacienda, fue tajante: “Es aislarse del mundo financiero de la forma más irresponsable posible”.
Más allá de lo económico, analistas ven un trasfondo electoral. El politólogo Humberto Librado, de la Javeriana, aseguró que la crisis se convertirá en un “examen interno” que impactará las elecciones legislativas y presidenciales de 2026: “Muchos funcionarios se alinean hoy bajo el discurso de Gaza, pero no habían tenido antes posiciones públicas sobre el tema”.
Por ahora, los canales diplomáticos siguen abiertos, pero la desconfianza es evidente. Estados Unidos marcó distancia con un gesto contundente, y el Gobierno Petro convirtió la afrenta en bandera política.
