Una nueva tragedia vial volvió a teñir de luto las carreteras en la madrugada de este fin de semana. Un accidente de tránsito ocurrido hacia la 1:10 a.m. de hoy 22 de diciembre, bajo la modalidad de volcamiento lateral, dejó una persona muerta y otra luchando por su vida en una Unidad de Cuidados Intensivos, en un hecho que vuelve a poner en el centro del debate la mezcla letal entre motocicletas, alcohol y exceso de velocidad.
De acuerdo con la información conocida, el siniestro involucró una motocicleta de servicio particular, placas OYK 58H, que era conducida por Juan Andrés Velásquez, de 28 años, natural de Ambalema, Tolima. El joven resultó gravemente lesionado y tuvo que ser trasladado de urgencia en ambulancia hasta la clínica Asotrauma, donde permanece internado en la UCI.
La gravedad de su estado de salud impidió la realización del examen clínico de embriaguez, ya que, según confirmaron las autoridades, la atención médica prevaleció sobre cualquier procedimiento judicial, un hecho que no ha pasado desapercibido y que ha generado cuestionamientos entre la ciudadanía.
El acompañante de la motocicleta, Juan Carlos Velásquez, no corrió con la misma suerte. El hombre falleció en el lugar de los hechos debido a la severidad de las lesiones sufridas. El reporte preliminar indica que presentaba un trauma craneoencefálico severo y trauma abdominal, lesiones incompatibles con la vida.
Mientras la víctima mortal yacía sobre el asfalto, la motocicleta fue inmovilizada y trasladada a los patios autorizados, como parte de las diligencias iniciales del caso.
Las autoridades de tránsito asumieron la investigación y manejan como hipótesis preliminares del accidente una aparente embriaguez del conductor y la salida de la calzada, una combinación que, según expertos en seguridad vial, explica buena parte de los accidentes fatales en horas de la madrugada.
El caso continúa en investigación para establecer con exactitud qué ocurrió en esos minutos fatales y si hubo otros factores determinantes en el siniestro.
Mientras tanto, una familia llora la muerte de Juan Carlos Velásquez, otra espera un milagro en una sala de cuidados intensivos y las cifras de muertes en motocicleta siguen aumentando, dejando una pregunta incómoda: ¿Cuántas tragedias más deberán ocurrir para que la imprudencia al volante deje de cobrarse vidas?
