Ibagué volvió a vivir un episodio de terror urbano. Lo que empezó como un cortejo fúnebre en memoria de un hombre asesinado días atrás, terminó convertido en un escenario de guerra entre familias que, según las autoridades, arrastran un prontuario de homicidios cruzados y viejas venganzas.
El ataque sicarial ocurrido en la tarde del miércoles 26 de noviembre en la calle 37, entre la avenida Ferrocarril y Cuarta Estadio —a pocos metros del Hospital Federico Lleras Acosta y del puente de Canal de Mirolindo— dejó como saldo la muerte de Jeison Camilo Sánchez Arias, alias ‘Nené’, y seis heridos, entre ellos una mujer en estado crítico y un hombre con pronóstico reservado.
‘Nené’ era amigo cercano de James Avellaneda Rodríguez, el mismo hombre cuyo cortejo fúnebre acompañaban cuando fueron emboscados. Avellaneda Rodríguez había sido asesinado el pasado domingo 23 de noviembre en el barrio Jardín Santander. Y él, a su vez, era esposo de Claudia Paola Ramos Valderrama, ultimada el 1 de septiembre en el barrio Nueva Castilla.
En diálogo con un medio local, el Secretario de Gobierno de Ibagué fue contundente:
“Surgen varias hipótesis debido al prontuario importante que tenía la persona ultimada con arma de fuego. Estaba vinculado a un homicidio, a otro homicidio, y a lesiones personales”.
Agregó que la Policía Metropolitana ya tiene identificados los sectores donde residen las familias enfrentadas para evitar que la violencia escale a una guerra abierta:
“Estamos trabajando para que esto no se nos convierta en una vendetta y dar con los perpetradores”.
La pieza más explosiva del rompecabezas la entregó un testigo. Según relató, horas antes del ataque, en la entrada del Cementerio San Bonifacio, una mujer expresó abiertamente una amenaza que, vista hoy, parece una advertencia ignorada:
“Ella dijo: ‘Estoy esperando al marido de una muchacha que vinieron a enterrar… Él mató a mi marido, y yo le maté la mujer. Ahora vengo por él’”.
El testigo narró que, tras aquel inquietante intercambio, al camposanto llegaron varias personas con “aspecto tipo ñero”. La tensión obligó a muchos acompañantes a subirse rápidamente a los vehículos. Minutos después, se conocería que el ataque a bala ya se había perpetrado.
Los relatos, los antecedentes y el modus operandi apuntan a una conclusión escalofriante: Ibagué estaría frente a una espiral de retaliaciones interfamiliares, una narrativa más propia de películas criminales que de la vida cotidiana en la ciudad.
Las autoridades temen que, de no intervenir a tiempo, el conflicto derive en una secuencia aún más violenta.
