Cortolima enfrenta una nueva polémica tras conocerse denuncias sobre la conducta de varios de sus funcionarios y contratistas, quienes habrían protagonizado una escena lamentable durante el regreso de la rendición de cuentas celebrada en Chaparral el pasado sábado.
De acuerdo con versiones de testigos y afectados, un grupo conformado principalmente por personal del área de Planeación transformó el bus contratado con la empresa Ruta del Sol en un espacio de consumo de licor, gritos e irrespetos. El hecho se produjo en presencia de periodistas, personal técnico, y el conductor del vehículo, quien también habría sido blanco de agresiones verbales.
“No se trató de una simple ‘alegría’ post-evento, sino de una serie de actitudes groseras, descontroladas y hostiles que no se pueden permitir en una institución pública”, declaró una de las comunicadores afectados.
Los testimonios coinciden en que hubo presión hacia algunas mujeres para que consumieran alcohol, uso de lenguaje vulgar e incluso amenazas hacia quienes cuestionaban el comportamiento del grupo. La situación, según fuentes cercanas a la corporación, ya habría sido informada a la Dirección General, aunque hasta ahora no hay un comunicado oficial.
Este hecho no es menor. Cortolima, como entidad ambiental, tiene entre sus funciones promover el respeto por lo público, por el territorio y por las comunidades. Por ello, el comportamiento de sus funcionarios fuera del marco institucional también es un reflejo de su integridad ética.
Organizaciones ciudadanas y sectores académicos han comenzado a exigir que se aclare lo ocurrido, se identifique a los responsables y se adopten correctivos. Para muchos, este no es un caso aislado, sino síntoma de una cultura institucional que requiere revisión y cambio.
