La tensión internacional escala peligrosamente. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el envío de una delegación diplomática a Pakistán para retomar las negociaciones con Irán, en un contexto marcado por amenazas militares directas y nuevos incidentes armados en el estratégico estrecho de Ormuz.
El mandatario confirmó que los contactos se reanudarán este lunes, luego del fracaso de las conversaciones de alto nivel realizadas el 11 y 12 de abril en Islamabad. Sin embargo, lejos de suavizar el tono, Trump lanzó una advertencia que eleva la gravedad del escenario: si no hay avances concretos, su Gobierno podría atacar infraestructura clave iraní.
“Ofrecemos un acuerdo razonable”, afirmó el presidente, al tiempo que advirtió que, de no ser aceptado, Estados Unidos podría destruir centrales eléctricas y puentes en territorio iraní, en lo que analistas califican como una de las amenazas más explícitas de los últimos años.
La escalada ocurre en medio de acusaciones directas de Washington contra Teherán por la supuesta violación de un alto el fuego de dos semanas iniciado el pasado 8 de abril. Según Trump, el sábado se registraron disparos contra al menos tres buques comerciales en el estrecho de Ormuz, lo que constituye —en sus palabras— una “violación total” de la tregua.
La situación en esta arteria clave del comercio energético mundial es crítica. Por el estrecho transita cerca del 20 % del petróleo global, y cualquier alteración impacta de inmediato los mercados internacionales. Aunque Irán había anunciado su reapertura el viernes, horas después volvió a restringir el paso, condicionándolo al levantamiento del bloqueo estadounidense sobre sus puertos.
En paralelo, el mandatario confirmó que el vicepresidente JD Vance no encabezará la delegación en Pakistán, pese a que su participación había sido considerada inicialmente. La decisión, explicó, obedece a razones de seguridad, en medio de un entorno altamente volátil.
Así, Washington combina presión militar y diplomacia en una jugada de alto riesgo que podría redefinir el equilibrio en Medio Oriente. Mientras la delegación se prepara para un diálogo incierto, el mundo observa con preocupación un pulso que amenaza con escalar hacia un conflicto de mayores proporciones.
