El miedo volvió a apoderarse de Indonesia. Un fuerte terremoto de magnitud 6,7 sacudió este martes el centro del país asiático, dejando al menos una persona muerta, más de una decena de heridos y reviviendo los fantasmas de una de las peores tragedias naturales registradas en la región durante los últimos años.
El movimiento telúrico, reportado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), se produjo en horas de la mañana y tuvo como epicentro una zona ubicada al sureste de Palu, capital de la provincia de Célebes Central, una ciudad de aproximadamente 400.000 habitantes que aún guarda las cicatrices del devastador terremoto y tsunami de 2018.
La poca profundidad del sismo hizo que las sacudidas se sintieran con gran intensidad, generando escenas de pánico entre miles de residentes que salieron corriendo de sus viviendas y lugares de trabajo ante el temor de un colapso estructural.
Las primeras informaciones oficiales confirmaron la muerte de una persona en el municipio de Sigi, ubicado a unos 20 kilómetros de Palu. Además, más de diez personas sufrieron heridas de consideración y fueron trasladadas a centros médicos para recibir atención especializada.
Abdul Muhari, portavoz de la agencia nacional de gestión de desastres, indicó que las autoridades continúan evaluando los daños y verificando posibles afectaciones en otras zonas cercanas al epicentro.
Los testimonios de quienes vivieron el terremoto reflejan el nivel de angustia que provocó la emergencia.
“De repente hubo como un sacudón y toda la casa pareció temblar. El techo crujía, como si fuera a derrumbarse”, relató Nurhaidar, una habitante de Palu de 42 años que se encontraba preparando alimentos cuando fue sorprendida por el movimiento sísmico.
Como ocurrió con miles de personas, su primera reacción fue buscar refugio mientras observaba cómo los objetos se movían violentamente dentro de su vivienda.
El terremoto volvió a recordar la vulnerabilidad de Indonesia frente a este tipo de fenómenos naturales.
El país está ubicado sobre el denominado “Anillo de Fuego del Pacífico”, una de las zonas de mayor actividad sísmica y volcánica del planeta, donde convergen varias placas tectónicas responsables de frecuentes terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis.
Precisamente, la ciudad de Palu es recordada por haber sido escenario de una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente de Indonesia.
En 2018, un terremoto de magnitud 7,5 seguido por un devastador tsunami dejó más de 2.200 personas muertas, miles de desaparecidos y una destrucción masiva que cambió para siempre la vida de la región.
Por esa razón, el nuevo sismo generó especial preocupación entre los habitantes, muchos de los cuales aún conservan el recuerdo de aquella tragedia.
Mientras continúan las labores de inspección y monitoreo, las autoridades mantienen la alerta ante posibles réplicas y evalúan el impacto real de un terremoto que volvió a demostrar la fuerza impredecible de la naturaleza en uno de los territorios más sísmicamente activos del mundo.
Aunque el balance preliminar es considerablemente menor al desastre de 2018, la emergencia deja una nueva víctima mortal y reabre el debate sobre la preparación de las comunidades frente a fenómenos naturales capaces de transformar la vida de miles de personas en cuestión de segundos.
