La Armada de Estados Unidos se encuentra cada vez más cerca de las costas venezolanas en un despliegue que ha generado preocupación en la región. Aunque el Pentágono mantiene hermetismo sobre la naturaleza exacta de la misión, portavoces oficiales han insistido en que la operación se enmarca en la lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, el movimiento de dos grupos navales distintos ha despertado especulaciones sobre un posible plan de ataque o incluso de invasión, lo que mantiene en alerta a gobiernos y observadores internacionales.
“Por motivos de seguridad operacional y políticas internas no discutiremos futuros despliegues ni trayectos de embarcaciones”, indicó el Departamento de Defensa en un comunicado. No obstante, Sean Parnell, portavoz del Pentágono, advirtió que las fuerzas estadounidenses están listas para cumplir las órdenes del presidente: “Nuestro rol será fundamental en la lucha contra los carteles del narcotráfico”.
El primer grupo de despliegue involucra tres destructores clase Arleigh Burke: el USS Sampson, el USS Gravely y el USS Jason Dunham, que se espera arriben este jueves 21 de agosto frente a las costas venezolanas. Estas embarcaciones, equipadas con misiles guiados Tomahawk, ametralladoras, helicópteros MH-60R y avanzados sistemas de radar, están diseñadas para operaciones de interdicción y defensa marítima.
El USS Gravely, en particular, participó recientemente en el Mar Rojo en misiones contra la amenaza de los hutíes en Yemen.
El segundo despliegue, más amplio, está encabezado por el USS Iwo Jima y conformado por tres buques, aviones de vigilancia y unos 4.500 efectivos de la Marina, con apoyo de un submarino de ataque. Aunque inicialmente este grupo había zarpado hacia el Caribe, tuvo que regresar al puerto de Norfolk (Virginia) debido al paso del huracán Erin.
Según Reuters, el contingente retomará rumbo hacia Venezuela y arribará el domingo 24 de agosto. Este despliegue anfibio refuerza las capacidades de Estados Unidos en la región, ya que además de operaciones de interdicción permite el desembarco de tropas, el uso de aviones de combate como el AV-8B Harrier y, en determinados casos, el F-35B.
Contexto político y reacción venezolana
La movilización ocurre poco después de que el gobierno estadounidense aumentara a 50 millones de dólares la recompensa por información que lleve a la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, acusado por Washington de liderar el denominado Cartel de los Soles.
La Casa Blanca ha desconocido sus dos últimas reelecciones y lo califica de “jefe fugitivo de un cartel narcoterrorista”. La secretaria de prensa Karoline Leavitt recalcó que el gobierno estadounidense “utilizará todos los medios para detener el narcotráfico” en la región.
En Caracas, Maduro respondió calificando la acción como una “amenaza directa contra la soberanía” y ordenó el despliegue de 4,5 millones de milicianos en todo el país. “No nos intimidarán con sus barcos ni con sus misiles”, afirmó el mandatario en cadena nacional.
Con la llegada simultánea de destructores y fuerzas anfibias, la región entra en un punto crítico que podría redefinir las relaciones de poder en el Caribe y aumentar la tensión militar entre Washington y Caracas.
