Medio siglo después del histórico Congreso Mundial de Brujería celebrado en Bogotá en 1975, la ciudad de Medellín será escenario de una feria cultural que revive el debate: ¿es la brujería una amenaza, una tradición o un saber ancestral?
La feria, organizada por Comfama, tendrá lugar el 17 y 18 de octubre en el Claustro San Ignacio y la Plazuela San Ignacio, con una amplia programación de actividades académicas, artísticas y espirituales que buscan explorar otras formas de conocimiento, espiritualidad y memoria.
Con conciertos, rituales, lecturas de tarot, talleres de alquimia culinaria, herbolaria, partería y charlas sobre saberes indígenas y afrodiaspóricos, el evento se plantea como un homenaje simbólico a una parte de la cultura latinoamericana históricamente silenciada.
Un legado que incomoda
El Primer Congreso Mundial de Brujería, realizado en 1975 durante la Feria Internacional de Bogotá, convocó a más de 3.000 personas. Su carácter disruptivo y contracultural causó revuelo en la época. Hoy, 50 años después, sus ecos resuenan en Medellín, donde nuevamente se abren las puertas al debate sobre lo esotérico, lo sagrado y lo marginal.
“El objetivo no es promover la brujería como superstición, sino recuperar saberes que han sido sistemáticamente invisibilizados”, explican los organizadores. En esta edición, la feria pone énfasis en la conexión de estas prácticas con las luchas de las mujeres, los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes.
Reacciones y controversia
La propuesta, sin embargo, no ha estado libre de críticas. El representante a la Cámara por Antioquia, Luis Miguel López Aristizábal, ha cuestionado públicamente el evento y solicitado su cancelación. En su opinión, es “contrario a los valores tradicionales de la región” y utiliza “recursos públicos pagados por los trabajadores” para actividades que, según él, no deberían ser promovidas por una caja de compensación.
“Me pregunto si los afiliados a Comfama fueron consultados para aprobar este tipo de eventos”, señaló el congresista, citando la Ley 133 de 1994 y cuestionando la legitimidad del enfoque cultural del encuentro.
¿Qué dice la Constitución?
Aunque la palabra “brujería” no aparece en la Constitución colombiana, el artículo 19 garantiza el derecho a la libertad de cultos y creencias. Esto ampara no solo religiones institucionalizadas, sino también formas de espiritualidad y ritualidad ancestral, siempre que no infrinjan la ley ni vulneren derechos fundamentales.
En este sentido, expertos recuerdan que la brujería, como categoría cultural, no siempre implica prácticas ilegales o peligrosas, sino que puede abarcar conocimientos sobre la naturaleza, la medicina tradicional, los ciclos de la vida y la muerte, y expresiones simbólicas de pueblos y culturas marginadas.
Un espacio para el pensamiento y la conexión
La feria Brujería reunirá a colectivos, artistas, académicos y practicantes de diferentes territorios de Colombia y América Latina. Participarán figuras como Gabriela Ponce, Bella Álvarez, las Cantaoras del Pacífico, Selnich Vivas y colectivos como La casa de Vero, Oriana Zapata y Wangari, con propuestas que fusionan arte, memoria, espiritualidad y denuncia social.
A medio camino entre lo ritual y lo pedagógico, entre lo simbólico y lo político, la feria no pretende dar respuestas definitivas, sino abrir preguntas: ¿qué saberes hemos callado por miedo o prejuicio? ¿Quién decide qué es “válido” en la esfera pública? ¿Dónde empieza la libertad espiritual y dónde termina?
