La madrugada del lunes 8 de septiembre dejó una profunda tristeza en el entorno cercano del cantante Juanes, tras conocerse el fallecimiento de su madre, Alicia Vásquez, a los 95 años. La noticia se dio a conocer en Medellín hasta el día de hoy, ciudad donde residió gran parte de su vida y donde construyó una familia que fue el pilar emocional y creativo del artista antioqueño.
Alicia no solo fue madre: fue guía, confidente, consejera y, sin proponérselo, una gran inspiración. En su rol silencioso y cálido, sembró valores que marcaron el carácter de sus hijos, entre ellos Juan Esteban Aristizábal, conocido mundialmente como Juanes. Tanto fue el impacto de su figura en la vida del músico, que su rostro está tatuado en el brazo del cantante, como una forma de llevarla siempre consigo.
Nacida en Carolina del Príncipe, en el norte de Antioquia, Alicia conoció a Javier Aristizábal cuando apenas tenía 13 años. Tras 13 años de noviazgo, se casaron y formaron una familia de seis hijos. Su esposo falleció en 1995, pero ella continuó siendo la columna vertebral de la familia.
En 2007, en una entrevista, Alicia hablaba con orgullo de sus hijos: “Para mí todos son iguales y ellos lo saben. Lo que cada uno hace es un orgullo”. En esa ocasión, había regresado de Estados Unidos tras escuchar el nuevo disco de su hijo, quien solía compartirle sus canciones antes de lanzarlas.
Una de sus frases más repetidas —y que hoy resuena con especial significado— fue “la vida es un ratico”. Juanes no solo la escuchó, sino que la convirtió en arte: así se llamó su cuarto álbum, uno de los más exitosos de su carrera.
Hoy, esa frase cobra más sentido que nunca. La vida de doña Alicia fue un ratico lleno de amor, sabiduría y ejemplo. Y aunque ha partido, su legado sigue vivo en la música, en la memoria y en el corazón de quienes la conocieron.

