• 27 agosto, 2026 11:01 pm

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Aracamangas: el nuevo epicentro de la minería ilegal en el sur del Tolima entre Ataco y Chaparral.

Ago 27, 2026

Maquinaria pesada, excavaciones, intervención de cauces y decenas de personas trabajando. Las imágenes registradas en Araca mangas vuelven a poner sobre la mesa la magnitud de la minería ilegal en el sur del Tolima y el impacto que esta actividad puede estar generando sobre los recursos naturales.

Lo que ocurre en Aracamangas este sector ubicado entre Ataco y Chaparral no parece una actividad minera de pequeña escala. En las imágenes conocidas se observa maquinaria amarilla de gran tamaño operando junto a un río, mientras decenas de personas participan en labores asociadas a la extracción y procesamiento de material.

Uno de los registros que más llama la atención muestra una retroexcavadora trabajando prácticamente al borde del cauce. La máquina realiza una excavación que, según se aprecia en el video, estaría destinada a generar un drenaje y desviar parte del flujo natural del río.

La escena plantea una pregunta de fondo: ¿hasta dónde puede llegar la intervención humana sobre un río para sacar provecho de los minerales que se encuentran en su entorno?

Un fenómeno que ya preocupa a las autoridades

El caso de Araca mangas se conoce en un territorio donde las autoridades ambientales y la Fuerza Pública han venido adelantando operativos contra la explotación ilícita de oro.

El Ejército Y Policía reportó en marzo de 2026 dos operativos de gran escala en Ataco y Coyaima. En esas acciones participaron más de 200 integrantes de diferentes instituciones. En Ataco fueron destruidos 10 motores industriales, cuatro retroexcavadoras y una planta eléctrica, mientras que en Coyaima fueron capturadas 12 personas y se inhabilitaron ocho motores utilizados para la extracción de oro.

La dimensión ambiental también resulta preocupante. De acuerdo con Cortolima, un informe técnico estableció que la extracción ilícita de oro en Ataco había provocado la remoción de 232 hectáreas de cobertura vegetal y ecosistemas esenciales para la regulación de cauces, la estabilidad del suelo y la conectividad biológica. La autoridad también señaló modificaciones en los cauces de los ríos Atá y Saldaña, aumento de la turbidez y remoción del lecho, además del riesgo asociado a derrames de combustibles y lubricantes.

El río, convertido en parte de la operación

Uno de los elementos más delicados de las imágenes de Aracamangas es precisamente la cercanía de la maquinaria al agua.

La intervención de un cauce no es un asunto menor. En julio de 2026, se reportó en Coyaima otro caso de minería ilegal de oro aluvial en la zona protectora del río Saldaña. Allí fueron encontrados un trincho que represaba el cauce y excavaciones sobre el lecho y el área forestal protectora. La autoridad documentó alteraciones del terreno, afectaciones a la dinámica fluvial, deterioro de la calidad del agua y desplazamiento de fauna.

El paralelismo resulta evidente: maquinaria, extracción de material e intervención de las zonas cercanas a los ríos.

En Aracamangas, el registro audiovisual muestra una retroexcavadora realizando trabajos junto al cauce. Si se confirma que la excavación está siendo utilizada para modificar o desviar el flujo del río con fines mineros, la situación representaría una intervención particularmente grave sobre un recurso natural esencial.

Una operación de gran magnitud

Otro elemento que llama la atención en las imágenes es la cantidad de personas presentes en el lugar.

El registro muestra al menos más de 80 personas, según la apreciación realizada a partir del material audiovisual, participando en diferentes labores dentro de la zona de explotación.

De confirmarse oficialmente esta cifra, el dato ayudaría a dimensionar el tamaño de la operación: no se trataría simplemente de una persona realizando una extracción artesanal, sino de una actividad que involucraría personal, maquinaria y una infraestructura de trabajo considerable.

Y esa escala también abre otras preguntas: ¿quién suministra el combustible?, ¿de dónde proviene la maquinaria?, ¿quién comercializa el material extraído y quién se beneficia económicamente de esta actividad?

Son interrogantes que deberán ser respondidos por las autoridades competentes mediante las investigaciones correspondientes.

Un problema que se extiende por el sur

La situación no se limita a un solo punto. Un documento del Ministerio de Defensa reportó que, durante el periodo de referencia analizado en 2026, fueron intervenidas 29 minas en el sur del Tolima: 14 en Ataco, 11 en Chaparral, dos en Coyaima, una en Natagaima y una en Ortega.

En Chaparral, además, las autoridades han encontrado operaciones con maquinaria pesada. En agosto de 2026, el Ejército informó la inhabilitación de dos retroexcavadoras y otros elementos utilizados presuntamente para extracción ilegal de oro en la vereda Mesa de Aguayo. La operación, según el Ejército, afectó en más de $175.000 millones las finanzas de una estructura armada ilegal.

Estos resultados muestran que la minería ilegal en el sur del Tolima tiene una dimensión que va mucho más allá de pequeñas explotaciones aisladas.

La disputa por el territorio

Detrás de cada retroexcavadora hay mucho más que una máquina removiendo tierra.

Hay un río que puede cambiar su curso, un suelo que puede perder su estructura, vegetación que puede desaparecer y ecosistemas que pueden tardar años —o incluso décadas— en recuperarse.

También existe una dimensión económica y de seguridad. En enero de 2026, las autoridades informaron sobre un operativo en Chaparral en el que se frenaron ingresos ilícitos superiores a $4.000 millones y se inutilizó maquinaria avaluada en más de $5.700 millones.

Por eso, las imágenes de Aracamangas adquieren especial relevancia.

Una retroexcavadora trabajando junto a un río puede parecer, a primera vista, una escena más de maquinaria pesada. Pero detrás de ella podría estar funcionando toda una cadena de extracción, transporte, procesamiento y comercialización de minerales.

¿Qué está pasando en Aracamangas?

El material audiovisual deja sobre la mesa una denuncia que ahora requiere respuestas.

¿Existe autorización minera? ¿Existe permiso ambiental? ¿La intervención del cauce está autorizada? ¿Quiénes son los responsables de la maquinaria y de la operación? ¿Cuánto material se está extrayendo?

Las autoridades ambientales, mineras y judiciales tendrán la última palabra.

Mientras tanto, las imágenes generan preocupación entre quienes defienden los recursos naturales del sur del Tolima y vuelven a poner al agua en el centro de la discusión.

Porque cuando una retroexcavadora llega hasta la orilla de un río, la pregunta ya no es solamente cuánto oro puede salir de la tierra.

La pregunta es cuánto territorio, cuánto bosque y cuánta agua pueden quedar en el camino.

Nota: las referencias a la operación de Aracamangas, la presencia de al menos más de 80 personas y el supuesto desvío del cauce corresponden al material audiovisual descrito para esta publicación y deben ser presentadas como hechos observados o denunciados hasta que exista confirmación oficial. Los datos sobre operativos, afectaciones ambientales y maquinaria en otros municipios corresponden a información publicada por autoridades.

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